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domingo, 2 de noviembre de 2014

Brutus (pero no el romano)

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El autor galés-normando Geoffrey of Monmouth, en su Historia Regum Britanniae (ca. 1136), nos cuenta la historia de Brutus, fundador de Britannia. Tras narrar la llegada del troyano Eneas a la península itálica, en compañía de su hijo Ascanius, Geoffrey of Monmouth explica que Silvius, hijo de Ascanio, será el padre de Brutus, quien pasa a ser descendiente directo de Eneas. 
El joven héroe tiene que hacerse a la mar, tras matar accidentalmente a su padre. Transcurridas varias jornadas, sus hombres y él descubren en una isla desierta (Leogecia) un templo abandonado de la diosa Diana. Tras realizar el ritual apropiado, Brutus se duerme frente a la estatua de la diosa y tiene una visión. En ella aparece una isla en el poniente, sólo habitada por gigantes, a la que un día él ha de llegar; se trata de la futura Britannia –que llevará su nombre. 
En el relato que hace Geoffrey of Monmouth de los viajes de Brutus y sus hombres, hay varios elementos que no debemos obviar. En primer lugar, el autor hace todo lo posible por destacar la misión de su héroe, como fundador, con un destino concreto. No se trata de una aventurero, ni mucho menos de un saqueador. Los troyanos se ven envueltos en distintos conflictos, pero el autor se asegura de dejar claro que sus motivaciones son nobles: nunca la ambición, ni mucho menos la maldad. Tampoco es Brutus un conquistador, pues no se asienta en ninguno de los reinos que derrota militarmente en su periplo. Su destino es el de fundar una nueva nación, en la tierra prometida. 
Curiosamente, nadie habitaba la bella isla; como había dicho la diosa Diana, Albión estaba desierta y lista para sus nuevos moradores: “Nunc deserta quidem, gentibus apta tuis” (Liber I, cap. xi, ll. 78).  En este sentido, el escrúpulo que podría haber suscitado tener que enfrentarse a los aborígenes del lugar desaparece: los gigantes, en su monstruosidad, no plantean ningún tipo de reparo moral. 
Otra cuestión que puede resultar curiosa es que Brutus se muestra muy interesado en que no se difumine su identidad –y por ende, la de su descendencia–, troyana y aristocrática; también los hombres de su expedición son todos troyanos, liderados por nobles de linaje real, que no se habían mezclado con gentes de otras razas. Tras casarse Brutus, muy al inicio de su periplo, no tiene descendencia hasta tanto no se asienta en su destino final. Ignoge, su esposa, es ciertamente griega, pero de sangre real: lo que se pierde de “pureza de sangre”, se contrarresta por la nobleza del linaje materno. 
Sólo con estas premisas puede Brutus fundar la Nueva Troya, no en la península itálica, ni en Grecia, sino en una nueva tierra virgen, que será poblada por troyanos en exclusividad. Éste era el reino que los normandos de Guillermo habían conquistado en 1066. Una nación en la que convivían los nuevos invasores, los derrotados sajones y restos de los primitivos celtas. Tres etnias sin nada en común, salvo la tierra que habitaban. Brutus bien podía ser un factor de unión para todos.

domingo, 27 de abril de 2014

Rostros con historia (62)

Esto ha sido un re-encuentro. Vi esta película hace mucho tiempo, y ahora la he vuelto a ver.
Curiosamente, está basada también en un relato del mismo autor que inspiró la anterior.
¿Conocéis al personaje/actor?

viernes, 25 de abril de 2014

Rostros con historia (61)

¡Oohhh!
El tiempo se ha cumplido y nadie ha respondido.

Se trataba de la película soviética Viy (1967), dirigida por K. Ershov y rodada en los míticos estudios Mosfilm de Moscú. El personaje es la bruja Pannochka, y la actriz es la rumana Natalya Varley, nacida en 1947.

martes, 22 de abril de 2014

Rostros con historia (61)

Esta película ha sido un descubrimiento reciente y muy agradable. En ella se mezclan el humor y el folklore para formar un relato de miedo, simple y directo. 
Os pongo una foto de la protagonista, para que me digáis...ya sabéis el qué. 
Una pista: la historia que cuenta esta película está inspirada en un relato literario.

lunes, 3 de febrero de 2014

El Emperador y el Canciller

Es un tema apasionante y que está dando ya sus frutos. En julio del 2012 presenté una ponencia en la International Conference on Thomas More: Renaissance and Tyranny celebrado en París (http://eugenioolivares.blogspot.com.es/2012/12/return-to-sender.html). Mi aportación trataba sobre la relación entre Thomas More y Carlos V, el Emperador. Al volver a casa, seguí trabajando sobre el tema. La revista Moreana ha publicado ya dos partes, y la tercera aparecerá este año. 
"Thomas More and Charles V (part1/III) ‘Serenissimo Castellæ principe Carolo’. Moreana 50.191-192 (2013): 67-110. 
"Thomas More and Charles V (Part II/III) – A good servant of the Queen". Moreana 50.193-194 (2013): 193-194.
(http://www.moreana.org/uk/default.asp?rub=1&s=1#)
Lo que iba a ser un artículo, se convirtió en dos; luego fueron tres. Imaginaos la negociación con la editora. Afortunadamente, Marie-Claire Phéllipeau es todo amabilidad.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Otra vez Drácula...pero no es Drácula

Esperaba yo con cierto interés la nueva serie televisiva sobre Drácula. Pero después de ver el primer capítulo (y pasar superficialmente por el segundo), he decidido que no voy a seguir la serie. ¿Mis motivos?
1. Se trata de un cruce entre el Dracula de Coppola y alguna de las entregas de Underworld, con un toque a lo Van Helsing. También hay algo de los últimos Sherlock Holmes.
2. A esto hay que añadir un erotismo molesto y al límite de la calificación de "para mayores de 14 años". 
3. Pero quizás lo que más me molesta es que hayan puesto al lampiño Jonathan Rhys Meyers en el papel del Conde Drácula. Con esto se consigue que el espectador piense (al ver al chupasangre en acción) que está ante un adolescente disfrazado de vampiro en la noche de Halloween. Y es que el joven Enrique VIII de los Tudor no está a la altura del añoso héroe rumano; por favor, Drácula es otra cosa.
De la relación entre esta serie y el libro de Bram Stoker no digo nada, porque nada hay que decir.
En fin, que sigo viendo The Walking Dead, y espero a que empiece la nueva temporada de Vikings.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Los anglosajones en el cine

Una precisión terminológica en primer lugar. Cuando hablo de "anglosajones" no me estoy refiriendo a la cultura o a los habitantes de los países de habla inglesa, sino a los pobladores de Inglaterra desde el siglo V al XI. Tres tribus germánicas (anglos, sajones y jutas) que, tras emigrar del continente europeo, se establecieron en Inglaterra, hasta que fueron derrotados por los normandos en la batalla de Hastings (1066).
En realidad son pocas las películas que se ambientan en esos seis siglos de historia de Inglaterra. Aquí incluyo las que yo conozco y he visto.
Los vikingos (The Vikings), Richard Fleischer, 1958. Parcialmente ambientada en la Inglaterra anglosajona, hasta la que dos hermanos Einar y Eric, vuelven una y otra vez a saquear, conseguir el trono de Northumbria o el favor de las bellas habitantes del lugar. Kirk Douglas y Tony Curtis (hermanos, sin saberlo) acaban a palos. Janet Leigh (la chica de Psycho) es la protagonista y estaba casada con Curtis durante el rodaje.
Alfredo el Grande (Alfred the Great), Clive Donner, 1969. Mi favorita. La historia de este rey, desde su coronación hasta la victoria sobre los daneses. La película destaca su fervor religioso, aunque no su interés por las letras. Me emociona ver a los daneses golpeando sus escudos antes de las batallas, o a su rey Guthrum bebiendo la sangre de una de sus víctimas (bueno, esto no me emociona, me aterroriza, como el personaje de un guerrero danés bastante loco). Por otra parte, una cinta muy inglesa, gris, fría  y lluviosa.
Vikingos (Vikings), 2013-. Se trata de una serie televisiva cuya primera temporada se proyectó antes del verano. Me gusta, aunque hace algunas concesiones al erotismo fácil. Nos cuenta la historia de Ragnar Lothbrok (Travis Fimmel), el primer vikingo que decidió navegar hacia el oeste, para encontrar allí la Inglaterra anglosajona. Sus primeras víctimas son los monjes del Monasterio de Lindisfarne, en las costas de Northumbria, donde reina Aelle. Aethelstan, fraile de Lindisfarne, ha sido hecho esclavo por Ragnar, pero parece que entre los dos surge una cierta amistad. Veremos cómo acaban. La ambientación está muy cuidada.


El rey Arturo (King Arthur), Antoine Fuqua, 2004. Bueno, se trata de contar la historia del verdadero Arturo y sus caballeros. Los romanos se están marchando de la fría Britannia, para defender las fronteras continentales del Imperio. Se quedan los celtas romanizados y cristianos, que tratan de hacer frente a los sajones, brutales, salvajes y paganos, que vienen para quedarse (¡y se quedaron!). El retrato que se hace de la Iglesia cristiana es prácticamente caricaturesco. Arturo (Clive Owen), por cierto, no es celta, sino un jinete Sármata. ¿De donde habrá sacado esto el director? Me gusta particularmente la batalla con los sajones en el río y el modo en el que se representa a los Pictos del norte; Ginebra (Kiera Knightley) y Merlín pertenecen a esta tribu. Yo que tú, Arturo, me lo pensaba antes de casarme con ella.

viernes, 2 de agosto de 2013

Pedro A. de Alarcón, a través de otros ojos


El pasado 17 de julio, Miércoles, viajé a Guadix. El motivo era impartir una de las sesiones de un curso de verano de la Universidad de Granada, organizado por mi amigo y colega el Dr. Eduardo Salas, y que llevaba por título: "Pedro Antonio de Alarcón: un asedio multidisciplinar" (http://secretariageneral.ugr.es/pages/tablon/*/noticias-canal-ugr/asedio-a-pedro-antonio-de-alarcon#.UfmMotK8B7E). Fue una excelente ocasión de compartir la mañana con mi amigo, y con un grupo de personas, estudiantes y jóvenes profesionales. Estuvimos en una de las salas del Palacio Visconti, sede de la Fundación Pintor Julio Visconti (http://www.fpjuliovisconti.com/). Se trata de la casa de los Arias de Medina, edificada en el siglo XVI para albergue de la familia, sobre un macaber (cementerio) musulmán del siglo XIII. Pese a esto, no hablé de muertos vivientes, ni de vampiros, dado que el curso se centraba en la figura del escritor accitano. 

¿Pero que puede decir un anglista sobre un autor español del XIX? Cuando el Dr Salas me propuso participar, me vino a la cabeza que, buscando información sobre Robert Bloch –autor de la novela Psycho, en la que se inspiró Alfred Hitchcock para filmar una película del mismo nombre– me encontré revisando los índices de una revista de relatos cortos de fantasía y horror para la que Bloch publicó sus primeros relatos. Se trataba de Weird Tales, publicada en Chicago y que aún existe. Cuál no sería mi sorpresa cuando, entre las historias allí publicadas, descubrí una titulada “The Tall Woman” (“La mujer alta”) de Pedro A. de Alarcón. Se trataba en concreto del número 2, del volumen 13 (febrero de 1929).

Lo interesante es que la referida traducción de “La mujer alta” había visto la luz por primera vez en 1890 –estando aún vivo su autor– en una antología de relatos de horror llamada Modern Ghosts (New York: Harper & Brothers). Partiendo de esta primera traducción, hice un rastreo de todas las traducciones de Alarcón al inglés, que superan la treintena.
También hubo ocasión de profundizar en la relación entre Alarcón y la literatura en lengua inglesa, centrándome en el escritor norteamericano Edgar A. Poe. El 24 de agosto de 1858 el accitano había escrito un artículo sobre Poe, que fue publicado en su columna deLaÉpoca,“Diario de un madrileño”, el 1 de septiembre. En él, Alarcón hablaba del impacto que la traducción al francés de algunos relatos del Bostoniano -hecha por Baudelaire-estaban teniendo en el Madrid de la época, y anunciaba una pronta traducción al castellano.
Por último, y para no cargar demasiado a la audiencia con los resultados de una investigación más para ser leída que escuchada, hice un recorrido por todas las versiones cinematográficas y televisivas de obras alarconianas, proyectando secuencias de las más relevantes. Es sorprendente comprobar que, desde 1923 a 2007, más de 30 títulos (entre largometrajes, episodios para TV y cortos) están inspirados en obras de Alarcón y han sido producidos en España, México, Argentina, Italia, Alemania y EEUU.
¡Gracias, primo!

domingo, 19 de mayo de 2013

Mirando por los agujeros

Acaba de salir el libro en el que vengo trabajando desde hace ya algún tiempo: Peeping Through the Holes. Twenty First Century essays on Psycho. Editado con mi hermano Julio Ángel contiene siete ensayos sobre distintos aspectos de la película de Hitchcock y/o sobre la novela de Robert Bloch que la inspiró. En este libro han participado seis autores y me gusta cómo ha quedado. Ha sido un placer trabajar con Cambridge Scholars Publishing.
Encontraréis más información sobre el libro en: 

viernes, 26 de abril de 2013

Estos días me he visto de tirón (y a deshoras) una serie inglesa que recordaba haber seguido (parcialmente) durante los 80. Se trata de Retorno a Brideshead (Brideshead Revisited, 1981), once episodios basados en la novela del mismo nombre publicada en 1945 por el escritor inglés Evelyn Waugh (1903-1966). Creo que es una joya.

La historia narra la vida de un joven, Charles Ryder, desde sus años de estudiante en Oxford hasta un momento determinado de su vida adulta, en el que es Capitán del ejército británico en plena Segunda Guerra Mundial. La vida de Ryder pivota en torno al encuentro en Oxford con un estudiante, Sebastian, miembro de una aristocrática familia católica, propietaria de una mansión (Bridshead) en Wiltshire. Entre ambos se establece una profunda amistad (con tintes claros de homosexualidad). Sebastian introduce a Charles en los ambientes más decadentes de la vida universitaria. El propio autor flirteó con la homosexualidad también en su etapa de estudiante, antes de casarse y convertirse al catolicismo.
Charles, el protagonista, se siente poderosamente atraído por el atractivo personal del joven Sebastian, su refinamiento, su excentricidad, su desafío a cualquier convencionalismo; pero también por su profunda tristeza, que le lleva paulatinamente al alcoholismo.
Ambos jóvenes visitan Brideshead en más de una ocasión, de modo que Charles conoce a todos los miembros de la familia de Sebastian: su hermano, su hermana y su madre, una mujer de profundas convicciones morales, que ejerce una influencia opresiva sobre Sebastian. Charles se muestra escéptico con la fe de sus nuevos amigos, viéndolas como una serie de creencias desfasadas, que no se sostienen frente al saludable racionalismo de un hombre del siglo XX. La fe es un tema de conversación frecuente entre Charles y los distintos miembros de esta familia, también con aquellos que como Sebastian o su hermana viven su fe entre dudas y altibajos.
Según Waugh, su historia versa sobre "'la acción de la Gracia', es decir, el amor unilateral e inmerecido mediante el cual Dios atrae de continuo a las almas hacia Él". Y así es, dado que nos encontramos ante todo un abanico de situaciones -adulterio, homosexualidad, alcoholismo, desesperación,...- en las que los personajes terminan por fiarse de su Creador, aunque esto conlleve un profundo sufrimiento. Quiero destacar, en este sentido, la decisión por la que que Charles y la hermana de Sebastian, Julia, optan (de común acuerdo y pese a estar profundamente enamorados) por separarse, dado que ambos están (infelizmente) casados.
Charles termina por convertirse también al catolicismo, algo que -lejos de solucionar todos sus problemas (se ve a sí mismo "sin hogar, sin hijos, en la mitad de su vida y sin amor")- sí lo lleva a afrontarlos desde una perspectiva radicalmente distinta: todo tiene sentido, aunque con frecuencia se nos oculte. Claro está que esta conclusión puede ser poco convincente. Pero para eso está la Gracia de Dios, que nos arrastra hacia él. Lo que tú y yo nos resistamos, es otra cuestión.

sábado, 9 de marzo de 2013

Mi última publicación

O
Hace unos días se ha publicado un interesante monográfico sobre vampiros (Vampiros a contraluz. Constantes y modalizaciones del Vampiros en el Arte y la Cultura. Granada: Editorial Comares, 2012), que recoge una serie de contribuciones de distintos especialistas en las diversas áreas en las que el mito del vampiro ha tenido eco. Se trata de conferencias impartidas en su día en la Universidad de Granada, y yo tuve la suerte de participar.
El volumen tiene un acabado excelente (con ilustraciones incluidas al final), y los editores -Margarita Carretero, Diego Díaz, Macarena Reyes y Sara Rodríguez- han hecho un excelente trabajo. Parece que, además, vendrá algún volumen más.
Mi contribución lleva por título “El reviniente del Castillo de Anantis: Autopsia de un relato del s. XII” y aborda un tema al que dediqué en su día dos entradas.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Una historia danesa (II)

Asmundus –que aún vivía– vio bajar al intruso, y por sorpresa ocupó su lugar en la cesta, arrojándolo al suelo. Los que estaban fuera, creyendo izar a su compañero, sacaron a Asmundus de la gruta. Al verlo, los suecos creyeron que era un draugr (un muerto ambulante), pues el rostro de Asmundus estaba cubierto de la sangre que manaba abundantemente de una herida abierta donde antes había estado su oreja. 
Iban a darse a la fuga los aterrorizados suecos, cuando Asmundus les narró su historia:
“¿Por qué os asombráis al verme sin color? Verdaderamente todo hombre ha de desvanecerse entre los muertos. Por alguna argucia de los poderes infernales el espíritu de Asuithus ha regresado desde el inframundo, y con dientes crueles se ha comido a su caballo; después el perro ha sido pasto de sus mandíbulas abominables. 
No satisfecho tras devorar corcel y sabueso, con uñas afiladas se lanzó hacia mí, desgarrándome la mejillas y arrancándome la oreja. Eso explica el horrible aspecto de mi rostro desfigurado, y la sangre que brota a borbotones de tan fea herida. Y sin embargo, el causante de tanto horror no ha salido indemne: pronto corté su cabeza con mi acero, y empalé su malvado cadáver en una estaca”. 
Dos detalles llaman la atención en este relato. En primer lugar, la decapitación y posterior empalamiento de Asuithus recuerda al modo en el que los vampiros son destruidos. En segundo, este draugr nórdico se comporta como un auténtico zombie, movido por un apetito voraz. Así pues, los cientos de “caminantes” que semanalmente deambulan hambrientos en la serie The Walking Dead no son, en modo alguno, una creación del mundo actual.

martes, 27 de noviembre de 2012

Una historia danesa (I)

En el libro V de la Gesta Danorum, una voluminosa obra escrita en latín por Saxo Grammaticus (ca. 1150-1220), se narra la extraña historia de Asuithus y Asmundus. 
Estos dos guerreros islandeses, compañeros en mil batallas, sellaron su amistad de forma curiosa: ambos juraron que si uno de los dos moría, el otro le acompañaría a la tumba. Y sucedió que Asuithus murió tras una enfermedad. Su cuerpo fue colocado en el interior de una gruta subterránea, acompañado de su caballo y su perro –según la costumbre–.

Al poco tiempo, Asmundus, fiel a su palabra, se metió también en aquella cavidad funeraria, llevándose algo de alimento para sobrevivir unos días, al menos. 
Pasado algún tiempo una expedición militar sueca pasó junto al túmulo funerario de Asuithus. Ericus, el líder de aquella partida de guerreros, mandó explorar el enterramiento, habida cuenta de que estas construcciones funerarias solían guardar tesoros. Uno de los suecos descendió al interior de la gruta, descolgándose en una cesta sujeta por una cuerda.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Tres fantasmas en uno

Estos días estoy revisando en clase tres versiones cinematográficas de Hamlet: la primera fue dirigida y protagonizada por Laurence Olivier (1948);  la versión de Franco Zefirelli (1990) con Mel Gibson; y, por último, el Hamlet de Kenneth Branagh, también interpretado por él.
Puesto que cuento con poco tiempo, me centro en una escena y comentamos el modo en el que los distintos directores la plasman. Se trata de la conversación entre el fantasma del difunto rey Hamlet y su hijo (Acto I, escena v). El guión de las tres películas sigue con fidelidad el texto de la tragedia, aunque lógicamente se corta allí y aquí; una duración de cuatro horas sería impensable para la versión cinematográfica. No considero esto una carencia del guión, pues estamos ante tres películas, con los parámetros propios del medio.

Comenzando por la versión de Laurence Olivier -y dejando a un lado su concepción claramente freudiana-, me llama la atención la naturaleza espectral del fantasma, surgido de entre las brumas, y con su rostro parcialmente oculto por la visera de su yelmo. Su voz tiene un registro distinto a la del príncipe, y se escucha como si de una grabación o emisión radiofónica se tratara.

Hamlet avanza con su espada a modo de cruz, como para protegerse de un enemigo diabólico. Al reconocer al espectro de su padre, el príncipe baja la espada y se arrodilla. Su actitud es reverencial, la de alguien dispuesto para recibir la revelación casi mística de una verdad que, de otro modo, nunca podría llegar a conocerse. La voz del espectro, casi carente de toda emoción, es como un oráculo que abre los ojos al elegido: Hamlet ha de castigar el magnicidio, un crimen abominable, una injusticia que debe ser reparada.
En la película de Zefirelli, Mel Gibson es un Hamlet quizás demasiado adulto. Se le critica a esta película haber transformado el drama más sesudo de Shakespeare en casi una película de acción. Mientras se dirige al encuentro del fantasma, interpretado con gran solvencia por Paul Scoffield, Hamlet porta su espada, listo para combatir. Desgraciadamente la escena no está completa.

Estamos ante un fantasma mucho más corporal, físico. Cuando Hamlet lo ve, arroja la espada; es su padre y nada tiene que temer de él. Las palabras del difunto están cargadas de emoción: es un ser torturado por haber sido víctima de un crimen horrendo, a manos de su propio hermano. Por ende, el fantasma trata de conmover a su hijo que, por amor a su padre, se compromete a vengarle.
En la versión de Branagh, por último, el elemento que más destaca en la secuencia es, a mi juicio, el terror y el escalofrío. El horror cinematográfico tiene una serie de recursos y efectos que el director ha de tener en cuenta.

El fantasma, que habla con una voz aterradora e imperativa, arroja violentamemente a Hamlet al suelo. Sorprendido y apenas sin moverse, atenazado por el miedo, el príncipe escucha el discurso del fantasma que, como el veneno que le quitó la vida, penetra por los oídos de Hamlet. El rostro del difunto rey trasmite odio, rabia (y, sólo ocasionalmente, dolor). Los ojos, de un azul gélido, hacen ver al príncipe su larga y dolorosa agonía. En resumen, el rey clama venganza, lleno de odio, y Hamlet es sólo un instrumento para conseguir este fin. El miedo, no el amor filial o o el afán de justicia, es lo que habrá de mover al príncipe a cumplir el mandato imperativo de su padre. 
Tres fantasmas, tres príncipes, y un único texto dramático tan rico en matices y posibilidades.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Las luces y sus sombras

Fue curiosamente en la Europa de la Ilustración, cuando el bebedor de sangre se convierte en el epítome del horror, oculto entre las sombras del siglo de las luces, cuyo racionalismo no hizo sino espolear su resurgir. Ya antes, a partir del siglo XVII, la prensa europea se empezaba a hacer eco de extraños sucesos que estaban ocurriendo en países de la Europa oriental. El Mercure Galant, periódico editado en París, ofrece en mayo de 1693 la siguiente noticia:

Ustedes habrán podido oír hablar ya de una cosa realmente extraordinaria que se encuentra en Polonia y sobre todo en Rusia. 
Imagen original de la noticia en el Mercure Galant
Se trata de cuerpos muertos que se llaman en latín Striges y en la lengua del país Upierz y que tienen un cierto humor que las gentes y ciertas personas sabias aseguran que es sangre. Se dice que el demonio saca esta sangre del cuerpo de una persona viva o de algún ganado y que la lleva a un cuerpo muerto, porque se pretende que el demonio sale del cadáver cierto tiempo, desde mediodía a medianoche, después de lo cual vuelve a él y le pone la sangre que ha recogido. Esta sangre se encuentra con el tiempo en tal abundancia en el cadáver, que sale por la boca por la nariz y sobre todo por las orejas del muerto («Corps morts...», Mercure Galant, París, Bureau de Mercure, pp. 62-9).
Pero lo que definitivamente llevó al vampiro a primera plana en toda Europa fueron los hechos ocurridos en la Prusia oriental (1721) y en el Imperio Austro-Húngaro (1725-1734). Destacan dos. El caso de Arnold Paole (Meduegna, cerca de Belgrado; invierno de 1731-1732) obligó a las autoridades a promover una investigación oficial sobre lo acontecido, dando lugar al documento conocido como Visum et Repertum (Visto y Descubierto); sendas traducciones al castellano y catalán pueden consultarse en: http://www.ceev.net/textos.htm
También estuvo ampliamente documentado el caso de Peter Plojogowitz (Kisolova, cerca de Gradiska; septiembre de 1728).

jueves, 1 de diciembre de 2011

Las lecturas de Norman Bates (III)

"El tiempo es relativo, por supuesto. Lo dijo Einstein, y no fue el primero en descubrirlo: también lo sabían los antiguos y  algunos místicos modernos, como Aleister Crowley y Ouspensky. Norman los había leído a todos, y tenía incluso alguno de los libros. Madre no lo aprobaba" (Psicosis, 1959).
¿Qué puede hacer el encargado de un motel de carretera, mientras espera la llegada de clientes? Leer, leer y leer, especialmente si la autopista principal ya no pasa junto al Bates Motel.
Alister Crowley (1875-1947) fue un británico interesado en el ocultismo, el esoterismo,  y, en general, todo lo que se pudiera considerar anormal. Fundó la sociedad Telemita y escribió una abultada cantidad de obras de poesía, filosofía, política, magia,...Hoy en día, no me cabe duda, tendría un programa de televisión.
Peter D. Ouspensky (1878-1947) fue coetáneo de Crowley. Aunque también interesado en el esoterismo, este pensador nacido en Moscú desarrolló la idea de la "Cuarta Dimensión" y retomó el concepto del "Eterno Retorno". También estudió la naturaleza de la sexualidad humana, incidiendo en las diferencias entre pornografía y erotismo. En suma, un intelectual poco convencional, pero sin llegar a los excesos de Crowley.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Las lecturas de Norman Bates (II)

En el dormitorio de Norman bates, Lila, hermana de la difunta Mary Crane (sí, la de la ducha) curiosea entre sus libros:
1. A New Model of the Universe. Se trata de A New Model of the Universe: Principles of the Psychological Method in Its Application to Problems of Science, Religion and Art, de P.D. Ouspensky, traducido del ruso por R. R. Merton, bajo la supervisión del autor (New York: Knopf, 1931). Básicamente un libro de esoterismo.
2. The Extension of Consciousness. El título completo es The Extension of Consciousness: An Introduction to the Study of Metapsychology (London: Rider & co., 1932) por Charles Wolfran Olliver.
3. The Witch-Cult in Western Europe: Margaret Alice Murray escribió The Witch-Cult in Western Europe: A Study in Anthropology (Oxford: Clarendon Press, 1921). Lovecraft, amigo epistolar de Robert Bloch, había leído también a esta autora.
4. Dimension and Being. No existe este libro.

A Lila le sorprende que el propietario de un motel de mala muerte lea esas cosas. En las estanterías hay también libros sobre psicología anormal, ocultismo, teosofía, amén de dos traducciones más:
1. Là Bas: El francés Joris-Karl Huysmans escribió Là-Bas (Ahí abajo)en 1891. Se trata de una novela sobre el satanismo en la Francia de la época, por lo que suscitó cierta controversia. En 1924 Keene Wallis y C. Boni publicaron una traducción inglesa en New York. Bloch usó probablemente la traducción del primero, publicada años más tarde (Chicago: Black Archer Press, 1935).
2. Justine. Se trata de la novela escrita por Sade en 1787, mientras estaba preso en la Bastilla. Una traducción censurada al inglés, obra de Harold Bermann, fue publicada por Risus Press (New York, 1931). La primera edición inglesa completa fue obra de "Pieralessandro Casavini", un pseudónimo de Austryn Wainhouse, vio la luz en New York (Olympia Press, 1953).

Estas lecturas para nada gustaban a la madre de Norman.

sábado, 15 de octubre de 2011

Papá responde pregunta y nace un poeta

El día que murió el poeta inglés Robert Browning (1812-1889), se publicó Asolando, su volumen póstumo de poesía. En uno de los poemas "Development" ("Desarrollo"), el autor comienza por narrar un episodio de su infancia.
Su padre (que se llamaba como él) trabajaba en un banco y, además, sabía griego. En una ocasión, cuando Robert tenía sólo 5 años de edad, vio a su padre leyendo un libro y le preguntó: "¿Qué lees, papá?". El padre contestó: "El sitio de Troya, hijo". Frunciendo el ceño, Robert insistió: "¿Qué es un 'sitio'?...¿y qué es 'Troya'?". El señor Browning sonrió ante la curiosidad del niño y, dejando el libro en la mesita a su derecha, se levantó. Entonces, dirigiéndose al centro de la habitación, el padre de Robert formó con asientos y mesas una especie de construcción, sobre la que sentó a su hijo. "Ésta es Troya, y tú eres su rey, Príamo", dijo contemplando su obra. Después, señalando a la gata (que miraba curiosa), la llamó Helena, "bella y zalamera, convencida por Paris para huir con él a Troya". El niño, divertido, seguía expectante la historia. El padre prosiguió. Ésta vez fue el turno de los dos perros de la casa. "Son los dos hijos de Atreo, Agamenón y Menelao, que buscan destruir tu ciudad para recuperar a Helena, esposa del segundo, que está especialmente enfadado".
A los doce años, Robert Browning Jr había escrito su primer poemario, y dos años después hablaba francés, italiano, griego y latín. Ya con 7 había leído a Homero.
Esta anécdota me la ha transmitido Fernando, un filólogo que vive en Granada.

lunes, 20 de junio de 2011

"The Force That Through The Green Fuse..." de Dylan Thomas

Richard Burton no es, ni de lejos, uno de mis actores de cabecera. Pero el otro día me lo encontré leyendo un poema de Dylan Thomas, y lo incluyo en el blog.

"The Force That Through The Green Fuse Drives The Flower"


sábado, 18 de junio de 2011

Jake la Motta recita su poema

De la película Toro Salvaje (Raging Bull, Martin Scorsese, 1980), una escena en la que La Motta recita para nosotros un poema que él mismo ha compuesto. La rima es terrible, el ritmo (no lo hay), pero este ex-boxeador metido en el mundo del espectáculo, tiene que entretener a su público como pueda -aunque sea con unos versos mal enjaretados. Eso sí, hay humor, menciona a Shakespeare -citando sus versos- (¿de qué obra?) y habla de Olivier y de Sugar Ray. ¿Quiénes son?

"I remember those cheers.
They still ring in my ears.
And for years they'll remain in my thoughts. 
Cuz one night I took off my robe 
And what'd I do? 
I forgot to wear shorts. 
I recall every fall, 
every hook, every jab; 
The worst way a guy could get rid of his flab. 
As you know, my life was a jab... 
Though I'd rather hear you cheer, 
When I delve into Shakespeare. 
"A Horse, a Horse, my Kingdom for a Horse," 
I haven't had a winner in six months. 
I know I'm no Olivier 
But if he fought Sugar Ray, 
He would say 
That the thing ain't the ring, 
It's the play. 
So gimme a stage 
Where this bull here can rage. 
And though I can fight, 
I'd much rather recite 
That's entertainment! 
That's entertainment.."


Beowulf MS

Beowulf MS
Hwaet!