miércoles, 8 de septiembre de 2010

Rostros con historia (23)

Kurtz75 vuelve a las andadas y hace el pleno. Lo cito:
"Quién: Robert Duvall (el personaje se llama Boo Radley).
Dónde: la humanista (sin sensiblerías tontas) y hermosa To kill a Mockingbird (o sea, Matar a un Ruiseñor)".

Robert Duvall (1931) es considerado como uno de los mejores actores vivos (junto a De Niro, Dustin Hoffman, Al Pacino y Anthony Hopkins).

martes, 7 de septiembre de 2010

De héroe a villano

En estos días D. Jesús Neira ha vuelto a ser noticia. Hace algún tiempo, no sé exactamente cuánto, este profesor universitario estuvo ingresado por una paliza que le había propinado un individuo, cuando el señor Neira intentó socorrer a la novia del agresor que, a la sazón, también la estaba maltratando (poned todos los "supuesto"/ "supuestamente" que preciséis).
Se presentaban entonces dos modelos de homo hispanicus, el maltratador y el defensor de la mujer. El primero retrógrado, primitivo y violento (amén de colgado); el segundo, una especie de paladín del medievo, protector de damas y desfacedor de entuertos. La ministra Aído ya tenía su héroe, un modelo a imitar. La propaganda ideológica lo elevó a los altares de la igualdad de los sexos, y al tiempo se le nombró "Presidente del Consejo Asesor del Observatorio Regional contra la Violencia de Género" (uff, ¿no hay siglas para esto?).
Ahora resulta que el paladín de la igualdad bebió más de la cuenta (supuestamente), y lo pillaron in fraganti. ¿Va a resultar que no es héroe, sino villano? Estas contradicciones suceden cuando simplificamos. Al defender a una mujer de su agresor ha hecho lo que cualquiera que tenga vergüenza y no sea un cobarde hubiera hecho, con o sin este empacho de igualdad por huevos (o por ovarios) que nos está cayendo encima. El señor Neira tuvo las agallas de enfrentarse al rufián, y casi no lo cuenta. Ahora se le ha ido la mano con el alcohol, como nos podría pasar a cualquiera, y cometió el error de coger el coche. En suma, D. Jesús Neira es un ser humano, capaz de acciones valientes y acciones reprobables. No es un héroe por lo primero, ni un villano por lo segundo.

Rostros con historia (23)

Inauguro la temporada con una foto interesante de un actor, muy joven, en una excelente película. ¿De quién se trata?
Hasta la cinta en cuestión, nuestro protagonista había aparecido, sobre todo, en teatro y TV, siendo este personaje su primer papel relevante en cine.
Se abre la veda.

domingo, 5 de septiembre de 2010

My darling Clementine and Shakespeare

"Pasión de los fuertes" (My Darling Clementine, 1945) de John Ford es una gran película y, en mi opinión, tiene una escena magistral. Por cierto, el de la foto no es un actor de la cinta, sino el mismísimo Ford.
Un actor ambulante, Granville Thorndyke (¡qué gran nombre para un pobre cómico en el salvaje Oeste!), pasa por la localidad de Dodge City; y no es la primera vez que lo hace. Los hermanos Clanton le cogen por la fuerza y se lo llevan a su cantina, donde le obligan a que interprete algo para ellos, aunque sea en verso. Parece como si la cultura les viniera encima, sin que ellos opongan resistencia. Las palabras que Mr Thorndyke recita son el famoso monólogo de Hamlet, "To be or not to be", que puestas en boca del pobre cómico, humillado por los rufianes Clanton, cobran un nuevo dramatismo: ¿quién aguantaría las calamidades y humillaciones de la vida pudiéndoles poner fin mediante la muerte?
Doc Holliday, interpretado por Victor Mature -inexpresivo por naturaleza-, ha estado escuchando. Sorpresivamente, él ayudará a Thorndyke a terminar el monólogo. Holliday es un personaje agónico, autodestructivo, y un tanto neurótico, que desea su propio fin pero no se atreve a dar el paso. Él es quien recita los versos finales en los que Hamlet descarta el suicidio, por miedo a lo que puede venir después, quizás más terrible que una vida de sufrimiento.

De Henry Fonda no diré nada; guarda silencio: debe estar confundido por toda aquella verborrea.


viernes, 3 de septiembre de 2010

Juzgad vosotros (2)

César está extrañado. No es hombre de bromas, y se le hiela la sangre cuando, en el rincón de la habitación en la que habla con su novia, una silueta negra comienza a tomar forma: es una mujer y, poco a poco, puede distinguir su rostro. Es su madre, la reconoce por las fotos de soltera y de boda que hay en su casa. César siente miedo, mucho miedo, pero su novia no ve nada; tampoco el padre de ésta, que viene corriendo al cuarto cuando ella lo llama. La aparición pide perdón al muchacho por haberle asustado. "¿Qué quiere, madre?, ¿qué quiere?". El padre de la joven forcejea con su hija para sacarla del cuarto, pero ella se resiste: "¡Déjame!", -y dirigiéndose a quien no ve, grita- "¿Qué quiere usted?, ¡váyase ya!". La aparición habla, pero sólo César la escucha: "Hijo mío, quiero que celebréis una Misa por mi alma en una catedral". Y desaparece.
Esa misma noche, de vuelta a su casa, César cuenta lo sucedido a su padre. El viejo se enfada con él y le dice que no bromee con esas cosas; sabe que su hijo no bebe y piensa que le quiere gastar una mala pasada. César, llorando, insiste en que lo que cuenta es la pura verdad.
Al día siguiente van a la catedral de Baeza y dejan apalabrada con el Deán una Misa por el descanso de su madre. No dan detalles: el padre estaba incómodo y César sabe poco de iglesias.
Llegado el día previsto, César y su padre llegan al templo catedralicio; desconozco si les acompañaba alguien más de la familia. Todo transcurre con normalidad durante el desarrollo de la liturgia hasta que, en el momento en el que el celebrante alza la hostia consagrada con ambas manos, César ve a su izquierda la figura de su madre. Ésta le sonríe y le da las gracias. De un codazo avisa a su padre y, con un movimiento de cabeza, le insta a que mire en la dirección en la que está viendo a la aparición. El padre mira y, encogiéndose de hombros, hace saber a su hijo que no ve nada; César se tapa los ojos con las palmas de las manos y espera a que termine la celebración.
Al salir de la Catedral, el padre pregunta a su hijo el motivo de su llamada de atención. César le cuenta lo que ha visto y su padre comienza a llorar. Ambos se abrazan.

Gene Tierney (1920-1991)

Sin comentarios

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Juzgad vosotros (I)

Esta historia la he oído de labios de alguien a quien quiero. El protagonista era un primo suyo (le llamaré César, por ejemplo), ya fallecido, un hombre poco dado a supercherías, que ocasionalmente visitaba la Parroquia del pueblo y que una vez le contó este extraño suceso. He bromeado con mi informante, hasta el punto de enojarlo, diciéndole que no me creo nada de este tipo de relatos. Juzgad vosotros.
En un pueblo de Andalucía, muy cerca de donde yo vivo, nos encontramos a finales de los años 30. Una mujer coge a César, su hijo de dos años, en brazos y se dirige, sin despertar sospechas, hacia el campo. Camina un buen trecho por una vereda, entre trigales, hasta un promontario. Allí se encuentra un viejo pozo abandonado -de una mina, me dice mi informante-. La mujer sufre de lo que hoy conocemos como tendencias suicidas y su propósito es quitarse la vida. Cuando está a menos de tres metros del agujero, César empieza a llorar desconsolado; quizás tiene hambre, o sueño, o presiente el peligro. Ella reacciona y desiste de su propósito, al menos por el momento: menos de un año después, la pobre mujer pone fin a sus días. Pasan los años y César, ya mayor, no recuerda el rostro de su madre, aunque hay fotos suyas por la casa. Es su progenitor quien le cuenta que su madre (ella misma se lo había confesado) ya lo había intentado antes, en el pozo de la mina. "Pero tú empezaste a llorar" -le dice el padre con voz entrecortada- "y volvió a casa. ¡Pobre mujer!".
La vida sigue. César se echa novia. Ella vive en un cortijo a unos kilómetros del pueblo. Casi todos los días, va a verla cuando termina de trabajar; a la vuelta, siempre es de noche.
Un día César va a ver a su novia. A mitad del camino, una piedra le rebasa rodando por la derecha, junto a la vereda. Al día siguiente, sucede lo mismo; al tercero, también. Nunca hay nadie detrás de él. César, extrañado, se lo cuenta a su novia. "Alguien te quiere gastar una broma" -le dice ella.

Back to work!

De nuevo en la brecha y preparando una reunión de amigos.


Beowulf MS

Beowulf MS
Hwaet!