martes, 11 de diciembre de 2012

Aniversario

Hoy hace 19 años que me casé y miro a mi futuro con optimismo. No soy, en modo alguno, el mejor de los esposos, pero me conformo con mirarla a ella y ver que sigue sonriendo con lo que hago o con lo que digo. Esto, obviamente, es una simplificación de mis aspiraciones por mejorar mi vida matrimonial, aspiraciones que -en otra maravillosa simplificación- se resumen en que ella esté contenta.
En ocasiones, viviría la vida de un soltero (pero entonces, tarde o temprano, sería un "solterón"); otras me gustaría conducir una vespa y no un monovolumen familiar lleno de pasajeros, pero sé que me equivocaría de dirección en el primer cruce; y hay algún día en el que me levantaría y me iría a trabajar sin tener que preparar desayunos, sin decir palabra y sin organizar quién va a recoger a los niños del cole, pero de seguro que, esa noche, al volver a casa, no haría otra cosa que contar (por enésima vez) los cd's y dvd's en la estantería. ¿Y cuántas veces desearía no tener que pensar en cómo hacer para que este hijo conserve la beca, aquel otro apruebe las matemáticas y la niña pequeña deje los juguetes recogidos? Muchas. Pero entonces estaría obsesionado porque se ha roto el grifo, o porque tengo que llevar el coche a revisión, o porque se ha estropeado la impresora.
Y vuelvo a mi esposa, para confesar que no me gustan ni la música que escucha, ni las películas que ve. Me da igual que llueva o haga sol, mientras que ella disfruta con un día despejado. Sé -porque me lo ha dicho- que le disgusta que fume en pipa, coleccione "plásticos" y vea películas de terror. Mientras que ella sueña con viajar por el mundo, yo no saldría de la Biblioteca Británica. Y, si la espero en esta mesa de un restaurante para almorzar, sé que ella buscará otra distinta. Pero cuando cierro los ojos por la noche, o al oírla poner la secadora, o cuando se queda dormida a mitad de alguna película, o al verla llegar del trabajo, ... sé que yo estoy donde tengo que estar, como el acento sobre la vocal, como la foto en el marco, como el bordado en la tela. 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Una historia danesa (II)

Asmundus –que aún vivía– vio bajar al intruso, y por sorpresa ocupó su lugar en la cesta, arrojándolo al suelo. Los que estaban fuera, creyendo izar a su compañero, sacaron a Asmundus de la gruta. Al verlo, los suecos creyeron que era un draugr (un muerto ambulante), pues el rostro de Asmundus estaba cubierto de la sangre que manaba abundantemente de una herida abierta donde antes había estado su oreja. 
Iban a darse a la fuga los aterrorizados suecos, cuando Asmundus les narró su historia:
“¿Por qué os asombráis al verme sin color? Verdaderamente todo hombre ha de desvanecerse entre los muertos. Por alguna argucia de los poderes infernales el espíritu de Asuithus ha regresado desde el inframundo, y con dientes crueles se ha comido a su caballo; después el perro ha sido pasto de sus mandíbulas abominables. 
No satisfecho tras devorar corcel y sabueso, con uñas afiladas se lanzó hacia mí, desgarrándome la mejillas y arrancándome la oreja. Eso explica el horrible aspecto de mi rostro desfigurado, y la sangre que brota a borbotones de tan fea herida. Y sin embargo, el causante de tanto horror no ha salido indemne: pronto corté su cabeza con mi acero, y empalé su malvado cadáver en una estaca”. 
Dos detalles llaman la atención en este relato. En primer lugar, la decapitación y posterior empalamiento de Asuithus recuerda al modo en el que los vampiros son destruidos. En segundo, este draugr nórdico se comporta como un auténtico zombie, movido por un apetito voraz. Así pues, los cientos de “caminantes” que semanalmente deambulan hambrientos en la serie The Walking Dead no son, en modo alguno, una creación del mundo actual.

martes, 27 de noviembre de 2012

Una historia danesa (I)

En el libro V de la Gesta Danorum, una voluminosa obra escrita en latín por Saxo Grammaticus (ca. 1150-1220), se narra la extraña historia de Asuithus y Asmundus. 
Estos dos guerreros islandeses, compañeros en mil batallas, sellaron su amistad de forma curiosa: ambos juraron que si uno de los dos moría, el otro le acompañaría a la tumba. Y sucedió que Asuithus murió tras una enfermedad. Su cuerpo fue colocado en el interior de una gruta subterránea, acompañado de su caballo y su perro –según la costumbre–.

Al poco tiempo, Asmundus, fiel a su palabra, se metió también en aquella cavidad funeraria, llevándose algo de alimento para sobrevivir unos días, al menos. 
Pasado algún tiempo una expedición militar sueca pasó junto al túmulo funerario de Asuithus. Ericus, el líder de aquella partida de guerreros, mandó explorar el enterramiento, habida cuenta de que estas construcciones funerarias solían guardar tesoros. Uno de los suecos descendió al interior de la gruta, descolgándose en una cesta sujeta por una cuerda.

viernes, 2 de noviembre de 2012

VI Simposio San Josemaría

Parece mentira que ya hayan pasado 10 años desde la primera edición de lo que entonces llamamos "Simposio San Josemaría". Tuvo lugar en el Hospital de San Juan de Dios de Jaén; quedó claro que había que buscar un sitio más grande. Así fue, y con periodicidad bienal, nos hemos vuelto a reunir para celebrar este evento que volverá a repetirse en Jaén, durante los días 16 y 17 de noviembre.
La presente edición -como las anteriores- gira en torno a una idea central: el trabajo como servicio. Porque hoy en día, en la difícil coyuntura por la que está pasando nuestro país, conviene recordar a todos (cristianos o no) que un trabajo profesional realizado de espaldas a los demás, con el único objetivo de enriquecernos; o llevado a cabo como una especie de condena; un trabajo cuyo único fin sea nuestra vanagloria o conseguir un prestigio más o menos duradero; un trabajo así (lo creo de corazón) es necesariamente un ejercicio de egoísmo y de irresponsabilidad. El reto que tenemos cada uno es descubrir el modo en el que nuestra tarea profesional (incluso aquella que parece irremediablemente individualista o de escasa trascendencia) puede hacerse pensando en el prójimo.
Hay una frase que repetía San Josemaría y que viene muy a propósito: "Para servir, servir". Si la tarea en la que pasamos la mayor parte de nuestra jornada ha de ser un servicio, es necesario que nosotros "sirvamos", esto es, que estemos preparados, que la realicemos con competencia profesional y de forma responsable.
Estas y otras cuestiones serán abordadas en el simposio. ¿Te animas? Puedes inscribirte on line en: http://www.simposiosanjosemaria.com/portal/index.php?option=com_content&view=article&id=65&Itemid=27


jueves, 11 de octubre de 2012

Trampa del trampero madelman

Esta era una de mis piezas favoritas de madelman, y venía en el equipo básico del trampero. Tenía un mecanismo muy sencillo que la hacía funcionar. Presionando el resorte donde estaba el cebo, disparaba el cepo que, inexorablemente, atrapaba al pobre zorro -que también venía en la caja-. Eran tiempos duros para estos hombres de la frontera, que comerciaban con las pieles de los animales que cazaban. Ya sólo había que elegir un nombre para el protagonista; mi muñeco era Davy Crockett, el héroe de El Álamo. 


Con el tiempo perdí el accesorio y ahora lo he recuperado. ¿Cómo? Me lo he fabricado, y funciona. Ha costado, pero me lo he pasado en grande y, creo, no ha quedado mal.
Aquí están las fotos.















El año de la Fe

Hoy, 11 de octubre, da comienzo el Año de la Fe; durará hasta el 24 de noviembre del año próximo. Este es el deseo del Papa Benedicto XVI, manifestado en el documento Porta Fidei (La puerta de la fe).http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/motu_proprio/documents/hf_ben-xvi_motu-proprio_20111011_porta-fidei_sp.html
No voy a escribir una sesuda entrada sobre la Fe. Me basta por ahora decir que la Fe, una de las tres virtudes teologales, es en pocas palabras aquello en lo que creo; más aún, aquello en lo que empecé a creer cuando era niño. Se trataba de una serie de afirmaciones que me llegaban por distintos cauces: el maestro, el cura, mis padres, mi familia,... En realidad, creo que esto es extrapolable a la mayoría de las personas que conozco, y aunque gradualmente este proceso "natural" con el que comenzamos a creer ha cambiado en los últimos años, la increencia es más bien fruto de dejar de creer que de no haber sido formado en la fe.
Pienso que la Fe es una parte íntima de la persona, como los libros que leyó, las películas que vio o las chicas que le gustaban en el cole. Los rezos que aprendimos de niños, las preguntas del catecismo, están archivados en la misma carpeta de las adivinanzas infantiles, las primeras rimas, o las fórmulas de nuestros juegos. Y sin embargo, llegado un momento, si bien no dejamos de leer ir al cine o enamorarnos, sí dejamos de creer. Y en esto, creo, hay una gran pereza intelectual; me explico. Igual que madura con nosotros nuestro gusto artístico, pues produce un efecto placentero inmediato, no sucede así con nuestra Fe. La formación doctrinal es necesaria para nuestra Fe, del mismo modo que algunos hemos ido más allá del pa, pe, pi, po, pu. Dicho de forma clara: no podemos pretender que las creencias del niño, sirvan al inquieto adolescente o al adulto apoltronado. Además, nuestra Fe no aprueba todos nuestros actos, compromete nuestra entera existencia y exige (como todo lo que merece la pena) esfuerzo. Es muy cierto aquello de: el que no actúa como piensa, termina pensando según actúa. ¿Por qué será que cuando no hago lo que sé que debo hacer, me empiezo a plantear no sé qué duda sobre el misterio de la Santísima Trinidad? 
Mira, haz lo que tienes que hacer, y si tu mente se rebela sobre ésta o aquella cuestión teológica, te puedo aconsejar unos cuantos libros. Otra cosa es que te convenzan, porque, amigo, no olvides que la Fe es, además, un don de Dios. Pero no te preocupes, es gratis; sólo tienes que pedirlo con humildad. 
Por cierto, no te pierdas el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, pues será el best-seller del siglo XXI.http://www.vatican.va/archive/compendium_ccc/documents/archive_2005_compendium-ccc_sp.html#«CREO» – «CREEMOS»

viernes, 21 de septiembre de 2012

Rostros con historia (58)

El niño vampiro ha dado en la diana; así no hay quien pueda.
Personaje: Gwymplaine. 
Actor: Conrad Veidt. 
Película: El hombre que ríe, 1928.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Rostros con historia (58)

Desafío total.
Nombre del personaje.
Nombre del actor.
Nombre de la película.

Beowulf MS

Beowulf MS
Hwaet!