domingo, 18 de abril de 2010
Rostros que han hecho historia (2)
sábado, 17 de abril de 2010
Rostros que han hecho historia (2)
Rostros que han hecho historia (1): solución
Efectivamente, se trata de Charles Laughton (1899/1962), interpretando a Quasimodo en The Hunchback of Notre Dame (1939). Este actor británico, que participó en innumerables películas sobre todo durante los 30, 40 y 50, tiene un lugar para mí muy especial por la única cinta que dirigió, "La noche del cazador" (The Night of the Hunter, 1955).viernes, 16 de abril de 2010
Rostros que han hecho historia (1)
El maquillaje ha sido siempre fundamental para los actores. Ya en el teatro clásico se usaban las personae (mascaras) para indicar los roles que representaban los cómicos sobre la escena.Os planteo un sencillo juego. En varias entradas pondré el rostro de un personaje cinematográfico de ficción. Como veréis, los encargados del make up han hecho su trabajo. Vosotros tenéis que decirme el nombre del personaje, el actor que lo interpreta y la película en que aparece. El premio para el primer acertante se negociará, según los gustos de cada uno.
Un poco menos favorecido ahora:
¿Quién se anima?
¡Feliz cumpleaños!
Este blog cumple hoy un año. Es increíble la cantidad de cosas que pueden pasar en un año: os seis títulos del Barça, los escándalos de pederastia, el estreno de unas cuántas películas, la nieve en mi tejado,...Pero sobre todo, lo que más ha marcado estos 365 días ha sido la enfermedad de mi hija y posterior recuperación.martes, 13 de abril de 2010
"El día es nuestro"
El lunes 13 de abril de 1534 Moro se presentó por primera vez ante los delegados del Rey en el palacio de Lambeth; había sido reqerido para prestar juramento al Acta de Sucesión. Aquel día por la mañana Moro se confesó, asistió a la Santa Misa, y recibió la Comunión. Por la tarde no permitió a su mujer e hijos que le acompañaran al embarcadero que había junto a su casa de Chelsea y, con gran pesar y aflicción, se despidió de ellos junto a la verja de la entrada. Jamás regresaría a su hogar. William Roper, marido de su hija Margaret, le acompaña en este su último viaje por el Támesis. Muchas veces después de aquel día, William relataría a su esposa la conversación que mantuvo con su suegro, incluyendo unas palabras que han quedado para la posteridad: “Roper, hijo, gracias le doy a Dios de que el día es nuestro (the field is won)”. Con esta expresión, Sir Thomas le estaba diciendo a su yerno que había ganado aquella batalla contra su miedo: no acataría el Acta de Sucesión.
Este documento declaraba en su preámbulo que el matrimonio del Rey con Catalina de Aragón había sido nulo, mientras que el segundo con Ana Bolena era válido: se afirmaba que no había autoridad terrena que pudiera sancionar los llamados “matrimonios prohibidos” (como supuestamente había sido el de Enrique y Catalina) y, por tanto, destruía la autoridad y jurisdicción del Papa. El cuerpo central del Acta legitimaba a los hijos del Rey y Ana Bolena como herederos al trono de Inglaterra y consideraba alta traición atacar el matrimonio de Enrique o cuestionar el derecho de sus hijos al trono. El broche del acta vino después cuando –como Moro había anticipado– se obligó a todo súbdito a tomar un juramento por el cual se observarían sus contenidos. Moro no hubiera tenido problema en aceptar a los hijos de Enrique y Ana como herederos al trono (era competencia del Parlamento legislar sobre la sucesión), pero no pudo jurar un documento en el que se cuestionaba, además, la autoridad del Papa.
viernes, 9 de abril de 2010
Custom Madelman: Ramón Serrano
El 16 de abril de 1945 el ejército soviético lanza su ofensiva contra Berlín. Miguel Ezquerra, ex miembro de la "División Azul" y capitán de las Waffen-SS, estaba al mando del Einsatzgruppe Ezquerra. Cuántos y quiénes eran sus integrantes no está claro: unos 250 españoles, quizás en su totalidad, de las Waffen SS, además de supervivientes de las divisiones Charlemagne y Wallonie, también SS. En su libro Berlín, a vida o muerte, el propio Ezquerra cuenta (de forma un tanto novelesca) la defensa desesperada del Reichstag. El 30 de abril el cerco ruso se cierra alrededor de la Cancillería, la Postdammer Platz y la Puerta de Brandemburgo. Ante la avalancha de los T-34, y llevándose algunos por delante con los panzerfaust, Ezquerra y los suyos escapan por la Friedrichstrasse, atrincherándose cerca del búnker; allí, la MG-42 de Ramón humeaba bajo la ligera lluvia, mientras escupía sobre Iván. A Ramón se le daba bien manejar la MG 42. Cuando estuvo en la "División Azul" se familiarizó con el modelo anterior de esta arma, la MG 34, pero la que llevaba ahora le hacía sentirse más seguro. Sin embargo, la altísima cadencia de fuego de la MG 42 (entre 1.200 y 1.800 disparos por minuto) era también uno de sus peores inconvenientes: excesivo consumo de balas. Por eso, Ramón lleva toda la munición de 7,92mm con la que ha podido cargar. Además, la elevada cadencia de fuego también provocaba un calentamiento excesivo del cañón, que tenía que ser substituido con celeridad. Esa era la tarea de su compañero el Cargador, pero ahora no estaba a su lado. Esto era lo que más preocupaba al Sturmmann Serrano.
Entre calada y calada, Ramón mira por la ventana y aprieta los dientes. No hay marcha atrás: está donde ha querido estar. Retumban las cadenas de los T-34. Ya vienen…
viernes, 26 de marzo de 2010
El Papa, los pedófilos y la prensa (II)
Las cifras están hechas de casos personales, cada uno de los cuales –insisto de nuevo– es una tragedia vergonzante. Pero puesto que se manejan cifras para denigrar a la Iglesia católica, yo también aportaré datos:• Desde 1995 se han denunciado en Alemania 210.000 casos de abusos sexuales; de ellos, 94 afectan a personas o instituciones de la Iglesia católica. Esto es, un 0, 04% (cfr. Luigi Accattoli en el Liberal; 9-03-2010).
• En el libro Pedophiles and Pirestshood antes citado se recogen los resultados del estudio más amplio que existe hoy día sobre este tema. Más de 2.200 sacerdotes en la dióesis de Chicago fueron objeto de análisis, desde 1963 a 1991. Bastaba con que un sacerdote hubiera sido denunciado –no condenado legalmente en los tribunales-, para incidir en el porcentaje. Philip Jenkins, criminalista no católico, concluyó de este informe que unos 40 sacerdotes, en torno al 1,8% del total, eran probablemente culpables de mala conducta con menores en algún momento de su carrera. Dicho de otro modo, no había ninguna prueba contra más del 98% del clero parroquial.
Los números y porcentajes no me hacen olvidar el daño causado, sobre todo cuando éste proviene de alguien que debería haber sido fuente de consuelo, ejemplo de coherencia cristiana, y en quien los padres de las víctimas confiaban. No pretendo disculpar –y menos exculpar– a nadie. Tampoco quiero diluir la gravedad de estos delitos en un mar de casos –ya se sabe Mal de muchos…–, ni echar balones fuera; lo sucedido, todos y cada uno de los abusos, no admite paños calientes. Y sin embargo, quiero señalar la verdadera magnitud del problema, y que cada palo aguante su vela: la Iglesia de Irlanda, “debe reconocer en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidos contra niños indefensos. Ese reconocimiento, junto con un sincero pesar por el daño causado a las víctimas y sus familias, debe desembocar en un esfuerzo conjunto para garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos”. La pedofilia no es, en modo alguno, un mal endémico de la Iglesia. El uso y abuso de los niños como objeto de gratificación sexual por parte de los adultos es epidémico en todas las clases sociales, profesiones, religiones y grupos étnicos alrededor del mundo, según lo demuestran claramente las estadísticas acerca de la pornografía, el incesto y la prostitución infantil. Nuestro mundo nos invita constante al hedonismo, la sensualidad. La doctrina católica ensalza el valor de la persona, la dignidad del cuerpo, y la grandeza de la sexualidad. En determinados ambientes, después de la llamada Revolución Sexual, este mensaje chirría, por retrogrado y fuera de lugar. Por este motivo, los casos de pedofilia entre los clérigos parecen dar la razón a los que censuran la moral sexual católica, como antinatural y represiva. Pero precisamente, como señala Benedicto XVI para el caso irlandés, es en el abandono de las prácticas propias de quienes llevan una vida consagrada donde hunde sus raíces el problema: “El cambio social ha sido muy veloz y a menudo ha repercutido adversamente en la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos. Asimismo, las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales se dejaron, con frecuencia, de lado.”
El escrito de Benedicto XVI a los católicos irlandeses contiene lo que debe contener. Reconoce los abusos y pide perdón por ellos (algunos no han quedado satisfechos; el Papa debería haberse autoinmolado y cerrar el establecimiento). Es muy duro con los abusadores, y recrimina a quienes hacen cabeza en la Iglesia de Irlanda su indolencia. El Santo Padre, basta con leer el documento para darse cuenta, está lejos de un estéril meaculpismo: se proponen una serie de medidas, concretas, viables y muy precisas. Y, por supuesto, el Obispo de Roma urge a todos los creyentes a la conversión, acercándose a Cristo, cuya misericordia es infinita: también para los pedófilos.
Como católico, como padre, y como hombre de la calle, la Carta Pastoral de Benedicto XVI me deja plenamente satisfecho. Como ser humano, no.







