lunes, 25 de febrero de 2013

El jueves fui al cine (III)

Respecto a ellos, James D'Arcy (Anthony Perkins) consigue una muy creíble interpretación, gracias sobre todo a la intensidad con la que imita al actor en el despacho de Hitch. Se muestra con todos los ticks, la falta de seguridad y la inocencia, que Perkins imprimió a su personaje, Norman Bates. ¿El parecido?
Una baza de la película es la relevancia que se le da a Ed Gein, el psicópata de Plainfield (Wisconsin) en el que se inspiró Robert Bloch para escribir Psycho en 1959. Michael Wincott ha de dar vida un personaje real, cuya forma de actuar es en gran medida desconocida; dicho de otra forma, tiene que darle sus gestos y ademanes a un personaje sólo retratado en algunos noticiarios de la época.

¿Y Hitchcock? Bueno, Sir Anthony Hopkins es uno de mis actores más queridos, pero no conseguí dejar de verlo durante toda su interpretación. Las fotos que había visto de este actor, maquillado como Hitchcock, me habían gustado. Pero lo cierto es que, durante su actuación el rostro pierde mucha expresividad: sólo la boca de Hopkins tiene cierta libertad de movimientos para emular el curioso modo de vocalizar de Hitch; por cierto, el doblaje del personaje no me agradó.

martes, 19 de febrero de 2013

El Jueves fui al cine (II)

A nivel interpretativo, Hitchcock está a gran altura. 
Helen Mirren (Alma Hitchcock) está espléndida. Una actriz que conserva un atractivo indudable, y que da cierto juego en la película (tanto para su marido, como para un guionista empeñado en hacer de ella el puente hacia el director).
Scarlett Johansen hace lo que tiene que hacer en el papel de Janet Leigh, la rubia actriz en la que se centran todas las miradas durante la primera parte de Psycho. Ella está encantada de trabajar con el gran Hitch, pese a tener algunos reparos sobre a la famosa escena de la ducha (no quiere que medio mundo -incluido su marido e hijos- la vea desnuda). El parecido entre ambas actrices es razonable.
Vera Miles también me gustó, pese a ser un personaje menos agradecido en la película original. Está interpretada por Jessica Biel.
También hay un cierto parecido.

Hubiera sido interesante que también apareciera en Hitchcock, Patricia, la hija del director, pues también ella participó como actriz (brevemente) en Psycho. Pero, ya lo he dicho, la cinta de Sacha Gervasi no es un Making Off.

domingo, 17 de febrero de 2013

El Jueves fui al cine (I)

La noche del pasado Jueves, por buen comportamiento en casa, mi esposa me dio permiso para hacer algo que llevaba tiempo sin practicar: ir al cine. No me refiero a ver una película (algo que hago con frecuencia en la pantalla de mi PC), sino a sentarme en una sala a oscuras, frente a una pantalla generosa y rodeado de otros seres humanos que -en realidad- están a millones de kilómetros de mí durante la proyección. 
La película que vi fue Hitchcock, de Sacha Gervasi, estrenada en USA el año pasado y que trata sobre el rodaje de Psycho (1960). Hacía tiempo que tenía gana de verla pues -como ya os contaré en breve- llevo cierto tiempo inmerso en la historia de ese soltero que, según parece, quería a su madre -¿cómo lo diré?- de forma poco apropiada.
Tan metido estaba yo en la historia de Norman Bates que sólo empecé a disfrutar de Hitchcock, cuando dejé de verla como un documental sobre el rodaje de Psycho. Y es que, en realidad, la primera es una historia de amor (entre Mr. & Mrs. Hitchcock), cuyo telón de fondo es la génesis y estreno de la segunda. Os iré contando qué me ha gustado y qué no me ha gustado.

viernes, 1 de febrero de 2013

Rostros con historia (59)

No pasa nada, no pasa nada. Era difícil.
El actor se llamaba Ben Aris (1937-2003) e interpretaba a John Martinus en la película The Plague of the Zombies (John Gilling, 1966).
Esta película tiene la peculiaridad de que puede considerarse un punto de inflexión entre las películas de zombies que tratan el tema del vudú, y esas otras en las que los muertos vivientes son extremadamente agresivos. La primera película de Romero vendría dos años después.

lunes, 28 de enero de 2013

Rostros con historia (59)

Aunque cada vez escribo menos en este foro, estoy de celebración: esta es la entrada número 401. Además, el blog ha superado ya las 30.000 visitas. Muchas gracias.
Un brindis con este rostro terrorífico que -de seguro- no acertarán ni Lui, ni Jaimemarlow.
Creo que a este señor le hace falta ir al dentista, y que le miren también la vista. Por lo demás, un corte de pelo muy a la moda.

domingo, 13 de enero de 2013

Homosexual, católico y célibe

Se llama Philippe Ariño, es francés, profesor, de ascendencia española; también es homosexual y católico. He dejado su orientación sexual para el final, del modo que si me presento a mí mismo, diré: me llamo Eugenio Olivares, soy español y profesor. Puedo añadir que soy católico y, dado el caso, heterosexual. Pero estos datos son poco relevantes. Sin embargo, en el caso del señor Ariño, he referido su homosexualidad y sus creencias porque en el debate actual sobre el llamado “matrimonio” gay en Francia, sus palabras han levantado cierto revuelo –a pesar de la sordina que muchos medios de comunicación aplican a ciertas opiniones discordantes–. 
Resulta que Philippe, que es autor de varios libros y se ha recorrido el pasado año su país dando charlas e interviniendo en los medios, opina que si Hollande "quiere demostrar que es un gran presidente, capaz incluso de contradecirse, que escucha a su pueblo y no a los medios, si quiere que los franceses le consideren por fin como su presidente […] no debe perder la oportunidad única que se le brinda de retirar el proyecto de 'matrimonio para todos'".
Y va más allá: "Todo está muy claro: no estoy convencido que la pareja homosexual sea lo mejor que le puede ocurrir a uno que se siente homosexual de forma duradera. A día de hoy, no me he topado con uniones homosexuales que de verdad sean sólidas, resplandecientes y satisfactorias a largo plazo. Por eso he elegido vivir la continencia, es decir, entregar mi homosexualidad a Jesucristo y a su Iglesia". 
Pero, ¿qué está diciendo este hombre? ¿eso cómo se come?: "he abandonado definitivamente el ligoteo, la masturbación y la pornografía, porque me dí cuenta de que estaba prisionero y triste cuando me obligaba a mí mismo a soñar y a experimentar el amor homosexual.[...]He entendido que, en amor, es difícil servir a dos amos: el Dios Jesús encarnado en la Iglesia y en la diferencia entre los sexos y, por otra parte, el amor que disuelve la diferencia entere los sexos, es decir, el amor homosexual".
Philippe habla de conciencia, de dirección espiritual y de que "el camino católico es liberador: para la Iglesia católica, una persona homosexual, aunque sienta una atracción física seria y real hacia otra persona del mismo sexo, siempre será libre de no dejarse reducir a la homosexualidad y de no plasmarla en forma de pareja".
A muchos les resultará disonante que este hombre hable del amor homosexual, de una orientación que "aunque pueda ser profunda, no es fundamental: el hombre es algo más que sus fantasmas genitales o sus sentimientos del momento. Está llamado a algo más grande, más duradero, más objetivo y más libre". Su opción vital, como la de un heterosexual que opte por el celibato, es un ejercicio supremo, real, de la libertad: "Y como estoy convencido que el Espíritu Santo, muy especialmente mediante el don del bautismo, está presente en el corazón de cada ser humano, pienso que también se expresa a través del sentido común, de nuestra libertad y de nuestra conciencia. Sí: mi observación de lo real, a la luz de la Iglesia, me ha ayudado a optar por la castidad".

viernes, 28 de diciembre de 2012

Y tú ¿corres o andas?


Hace unas semanas jaimemarlow hacía el siguiente comentario a la entrada Una historia danesa, a propósito de uno de los personajes:


"Lo que me llama la atención, acerca de los zombies, es el cambio que están sufriendo, por lo menos en el cine. ¡No sé si te habrás fijado en que cada vez son más rápidos! Los 'clásicos' eran muy torpes y lentos, y la única manera que tenían de merendarse a alguien era, o bien rodeándolo, o alcanzando a alguien que se hubiera quedado atrapado, caído, etc.
En cambio en 28 días después ya corrían... y por lo que he visto en el trailer de Guerra mundial Z ya son capaces de saltar muros.
Esto merecería un análisis... ¿consecuencias de la exigencia de una mayor espectacularidad fílmica? ¿Reflejo de que cada vez estamos mas 'atareados' en nuestra vida diaria?"

Es una reflexión interesante, a la que añadí lo siguiente:

"Es cierto lo que dices. Además hay cierto debate en el mundillo sobre si los zombies deben correr o no. Pienso que es una evolución hasta cierto punto predecible dentro del género. También vampiros, hombres lobo y momias han mejorado enormemente sus habilidades físicas desde sus primeras apariciones en pantalla. En el caso de los zombies, si avanzan penosamente crean ansiedad en los espectadores, porque inexorablemente llegan. Los zombies que cazan a la carrera buscan más el efecto shock, impacto,-espectacularidad, como dices tú- al alcanzar a la víctima".
Hoy ha vuelto a salir la conversación y quiero añadir lo siguiente a lo apuntado antes. En primer lugar, coexisten los dos tipos de zombies en la cultura popular actual, los que andan y los que corren: así la serie norteamericana The Walking Dead presenta -como el propio título indica- a cadáveres que andan; por contra, en tantas y tantas películas actuales (o la excelente serie Dead Set, 2008) lo que tenemos es the Running Dead, cadáveres que corren.

Por lo que respecta a los "corredores" han sufrido también un incremento de sus facultades físicas, convirtiéndose en una especie de superzombies que saltan, trepan por las paredes y son extremadamente resistentes -al modo de, por ejemplo, los vampiros y hombres lobo de las series Underworld o Blade. En este sentido, aquellos que se han convertido en licántropos o bebedores de sangre han accedido a un tipo de existencia más perfecta, superando los límites de la condición humana. Si a esto añadimos el sex appeal que caracteriza a la mayoría, ¿quién no querría ser uno de ellos? Ya me entendéis.
Los lentos eran originariamente despojos infrahumanos. Tomando como ejemplo las primeras cintas de George A. Romero, se trata de víctimas de una terrible epidemia, atormentados por un hambre voraz, que es su único instinto. Buscan penosamente el modo de alimentarse en una especie de coma con movilidad reducida. Son cazados como torpes bestias por cuadrillas de hombres que, al terminar, organizan una barbacoa. Por todo, no hay malignidad alguna en estas criaturas. Los rápidos, por contra, son predadores, cazadores en manada, que parecen disfrutar con lo que hacen. Y así, pese a estar muertos, parecen tener un instinto asesino, junto al de alimentarse.
Un último detalle. La cultura del click, la de la inmediatez, del download y el upload, parece primar el cadáver a la carrera, que destroza a su víctima cuando la atrapa, frente al lento e implacable avance del zombie de la época de las máquinas de escribir. 
¿Que qué prefiero? 




Beowulf MS

Beowulf MS
Hwaet!