miércoles, 30 de junio de 2010

Los 6.000

Me congratularé.
Estoy próximo a las 6.000 visitas. Cuento con 23 seguidores (un día les dedicaré una entrada a ellas y a ellos).
Me gusta el 6, porque me gusta el 3.
Creo que he mantenido la filosofía que me llevó a inaugurar este blog: hablar de lo que me gusta y me disgusta, sin faltar el respeto a nadie: todas las personas lo merecen (espero que mi ironía no haya sido ofensiva; creo que no). Sin embargo, todas las ideas no.
Una última cosa: sigo sin configurar la "censura" previa a vuestros comentarios y aún no he suprimido ninguno.
Time Trieth Truth.

Rostros con historia (16)

Bueno, ésta desde la capital de España (o lo que queda de ella).
La película no es gran cosa. El actor, opino, ha hecho un par de buenos papeles en su trayectoria. El maquillaje me gustó.
¡Hagan juego, señores! (y señoras)

domingo, 27 de junio de 2010

Leónidas se equivocaba

En el ABC de hoy venía una interesante película; eso lo sabía. Pero viene también -y no me lo esperaba- un breve artículo de Juan Manuel de Prada, titulado "Mientras la muerte deslizaba palabras ofidias", que me ha gustado. El escritor cuenta un episodio en la vida de María y Roque. Ella está embarazada de un bebé al que la amiocentesis puso hace unas semanas la etiqueta de "Síndrome de Down". Entonces aconsejaron a la madre abortar, ahorrar una existencia penosa a su hijo o hija y evitarse ellos mismos una paternidad sacrificada y poco feliz. Los padres han sido valientes y decidieron regalar la vida que a ellos antes les habían regalado. Ahora, tras haber hecho su elección, la medicina da un salto mortal y anuncia a los padres que su bebé vendrá al mundo sin el citado síndrome. Hace unos meses, un buen amigo me confiaba que a su hijo en gestación también le habían colgado la misma etiqueta -auténtica "Estrella de David" del mundo civilizado-, para "descosérsela" después; mi amigo y su esposa también lo tuvieron claro. La amiocentesis no es infalible, ni mucho menos. Algunos niños "etiquetados" podrán contar su historia, el error de una prueba; otros, no.
Pero quiero mirar ahora a esos otros bebés en los que el diagnóstico fue certero, y cuyos padres (como María y Roque, mi amigo y su esposa) quisieron abrazar, también con sus ojitos rasgados.
"¡Esto es Esparta!", dice Leónidas (con capa y calzoncillos) al mensajero Persa, antes de arrojarle de una patada al pozo sin fondo. Sí, ya sabemos que los espartanos (como los nazis) sólo querían hombres y mujeres "en perfectas condiciones". "¡¡Esto es España!!", parecen decir algunos "profesionales de la salud" (con bata blanca y fonendoscopio) a los padres, antes de arrojarles al pozo oscuro de la duda. Hay quienes tristemente optan por el aborto, quisiera pensar que los menos. Lo cierto es que un compañero me comentaba el otro día que cada vez había menos nacimientos de bebés con el Síndrome de Down. Por eso, me llamó la atención un anuncio televisivo de una entidad bancaria en el que varios jóvenes (y "jóvenas") de ojos rasgados, del tipo mongoloide (que decía la antropología clásica de algunos asiáticos), reptían el eslogan obámico "¡Sí, Podemos!".





Por eso, pensé entonces en aquella promesa de ZP a otra chica muy especial, Izaskun Buelta, en un programa televisivo.
Y yo me pregunto: ¿Esto es España?

sábado, 26 de junio de 2010

El diablo de Drakelow (3)

(viene de http://eugenioolivares.blogspot.com/2010/06/el-diablo-de-drakelow-2.html)

Eran muchas las leyendas que circulaban por la Inglaterra del siglo XII en las que el mismísimo demonio hacía que cadáveres ya enterrados volvieran de la tumba. Los habitantes de Drakelow eran supersticiosos y conocían la única forma de parar aquella locura: había que desenterrar los cuerpos y destruirlos. Para esto, había antes que obtener el permiso del ordinario del lugar. Stapenhill pertenecía a la diócesis de Coventry y Lichfield, cuyo Obispo en el momento de los hechos era el normando Robert de Limesey (antiguo capellán del mismísimo William I, el Conquistador), que permitió la exhumación de los dos cuerpos.
No especifica Geoffrey of Burton el número de quienes constituían aquella partida; tampoco su condición social o sus nombres. Se encaminaron hacia el cementerio de la iglesia de San Peter, en Stapenhill. Tras cavar por un tiempo, las palas arañaron la madera de las cajas, y al abrirlas, pudieron comprobar lo que quizás ya sospechaban de antemano: ninguno de los cadáveres mostraba signos de descomposición. Otro detalle, sin embargo, les hizo mirar instintivamente al cielo y calcular el tiempo que restaba hasta la puesta del sol. Los sudarios que cubrían las cabezas estaban manchados de sangre. Alguno debió pensar en los sanguisugae (vampiros), de los que se hablaba más al norte.

No había tiempo que perder y comenzó el macabro ritual. Ambos cadáveres fueron decapitados -usando, así lo creo, la herramienta apropiada, la "pala de sacristán" (sexton's spade)-. De nada serviría esto, si no se colocaban la cabezas en algún lugar alejado del cuello; alguien indicó que debían ponerse entre las piernas y así se hizo. Antes de volver a clavar las tapaderas en los ataúdes y para asegurarse de que los cadáveres no volvieran a aterrorizar al pueblo, se les extrajo el corazón. Anochecía cuando las cajas, convenientemente claveteadas, fueron nuevamente cubiertas de tierra. "Aún falta algo" -dijo uno de los lugareños-. "Hay que quemar los corazones, pero no en campo santo". Se encaminaron, entonces, a un lugar que el autor llama Dodecrossefora, cuya exacta localización nadie sabe; en todo caso, no debía estar muy lejos. Allí, a toda prisa, prepararon un pira, donde pusieron los dos corazones; después, le prendieron fuego.
Las llamas empezaron a consumir pronto los ramajes y a chamuscar los corazones. En la fría noche, alguno se acercó al fuego para calentarse. Entonces sucedió algo que a todos hizo retroceder horrorizados: de entre las lenguas de fuego que se elevaban y el humo negro, surgió una forma alada y negra, como un cuervo, que se alejó volando, dando unos graznidos espeluznantes.



Era ya noche cerrada cuando los hombres volvieron a Drakelow, pero ningún cadáver les salió al encuentro; no hubo tampoco golpes en las puertas de las casa, pues los revinientes no volvieron a merodear por el pueblo, ni sus alrededores. Y aunque no hubo que lamentar más muertes, los pocos habitantes que aún seguían vivos en Drakelow, cogieron todo lo que sus carros podían transportar y abandonaron el pueblo; también lo hizo el conde Roger con su familia. Todos se refugiaron en la villa de Gresley, donde se quedaron a vivir (no sin la oposición de algunos de sus nuevos vecinos). Y cuenta el Abad Geoffrey que Drakelow quedó desierta. Los supervivientes dieron gracias a Dios y a Santa Modwenna por haber escapado con vida, pero ninguno de ellos osó volver a su pueblo, temiendo una nueva venganza del cielo.
FINIS

Rostros con historia (15)

Catherine Heathcliff vuelve a acertar, cuando dice:

"A ver,
Actor: Gary Oldman.
Película: Hannibal, dirigida en 2001 por Ridley Scott.
Personaje: Mason Verger."

viernes, 25 de junio de 2010

El diablo de Drakelow (2)

Por el camino que baja desde Stapenhill a Drakelow, los vecinos vieron venir los dos cadáveres que acababan de inhumar, cubiertos con sus mortajas, y ambos cargando con su ataud a las espaldas. No podían creer lo que estaban viendo: parecía como si los dos muertos ambulantes repitieran la huída que había provocado el conflicto. Aterrados, los lugareños corrieron a refugiarse en sus casas. Cuando el sol se ocultó, los cadáveres vagaron por los campos que rodeaban Drakelow, transformándose en oso, perro y otros animales que el autor del relato no detalló. Así sucedió durante varias jornadas consecutivas, de modo que nadie salía de sus casas tras el crepúsculo.
Pero no quedó ahí la cosa, pues los dos revinientes entraron en Drakelow. Noche tras noche, golpeaban con sus cajas de madera las puertas y muros de las viviendas. El ruido era insoportable, cesando sólo cuando, con voces estridentes, los dos cadáveres llamaban a los aterrados moradores, invitándoles a unirse a ellos en su siniestro deambular: "¡Moveos, venga, moveos! ¡Poneos en marcha y venid!". Nadie osaba salir de sus viviendas, ni enfrentarse a aquellos visitantes de ultratumba.



Y cuenta Geoffrey de Burton que, tras algunas noches de pesasdilla, una mortífera plaga se propagó por la villa de Drakelow. Uno tras otro, los lugareños iban muriendo, siendo muy pocos los que escaparon al contagio -entre ellos un normando llamado Drogo, a cuyo cargo había puesta el conde la villa-.
Roger de Poitevin al final entendió cuán gravemente había errado, cobijando a los dos siervos y enfrentándose a la abadía de Burton-Upon-Trent. Arrepentido y pesaroso, marchó a implorar el perdón de Geoffrey Malaterra y a instarle que intercediera por él ante Santa Modwenna, que tan duro castigo estaba infringiéndole a sus súbditos. A tal fin, encomendó a Drogo restituir a la abadía el doble de lo destruído. El abad perdonó al conde y Drogo hizo como le había pedido su señor, tras lo cual huyó de Drakelow a fin de evitar el contagio.
Sin embargo, los dos cadáveres ambulantes no dejaron de atormentar a los pocos habitantes que iban quedando en el pueblo. Haciendo acopio de valor, quienes aún no habían muerto o enfermado decidieron poner fin a aquella pesadilla.

jueves, 24 de junio de 2010

El diablo de Drakelow (1)

Hace algún tiempo descubrí una historia en la que llevo trabajando un año y sobre la cual pronto publicaré un artículo. En la Vida y Milagros de Santa Modwenna (s. XII), escrita por Geoffrey, abad del Monasterio benedictino de Burton-Upon-Trent (Staffordshire, Inglaterra) aparece el relato que resumo seguidamente.
Dos siervos del pueblecito llamado Stapenhill, que trabajaban en el monasterio citado, decidieron dejar de trabajar para Geoffrey Malaterra (no el autor del libro), por entonces abad de Burton (lo fue desde 1085 a 1094), y acogerse al conde normando Roger de Poitevin (¿1058?-¿1140?). Sus tierras estaban al otro lado del río Trent, de modo que marcharon a la villa de Drakelow, bajo la jurisdicción del anterior y al sur de Stapenhill. Tras comunicarle a Roger su intención, lo maldispusieron con el abad, de modo que el conde -dice la historia- sintió ganas de asesinarlo a la primera ocasión que se le presentase. Tanto Poitevin, como el abad Geoffrey Malaterra eran normandos, por lo que no cabe pensar en un conflicto étnico entre ellos. Los siervos eran, sin duda, anglo-sajones.
Por su parte, el abad Geoffrey, intentó atraerse de nuevo a los siervos mediante la coacción. No sólo no lo consiguió, sino que enfureció más a Roger, quien mandó una partida de caballeros y gente del pueblo a asaltar los graneros que los monjes tenían en Stapenhill. Tras esto, los jinetes cruzaron el río Trent e incendiaron unos campos al sur del monasterio, en un lugar llamado Blackpool. Geoffrey, enterado de la expedición militar de Roger, había ordenado a sus parientes, que eran caballeros, no presentar batalla a las huestes del normando; por el contrario, se dirigió con sus monjes a la capilla del monasterio, donde imploraron a Santa Modwenna (cuyos restos mortales custodiaban) que intercediera a su favor ante el Altísimo.
En todo caso, los parientes de Geoffrey, haciendo caso omiso de la prohibición del abad, presentaron batalla al Conde de Poitevin: pese a ser menos en número, pusieron a estos ultimos a la fuga, infringiéndoles una derrota. En su crónica de los hechos, Geoffrey de Burton atribuyó la victoria a los caballeros del Abad Malaterra, pero sobre todo a la intervención de Santa Modwenna.
Al día siguiente, los dos siervos huídos y refugiados en Drakelow fallecieron de muerte repentina. Los lugareños llevaron los cadáveres al cementerio de Stapenhill, anexo a la iglesia de San Pedro y situado junto al río Trent. Al terminar el sepelio, volvían los de Drakelow a sus casas. Era aún de día, cuando por el camino, vieron algo que les heló la sangre.
(Continúa en: http://eugenioolivares.blogspot.com/2010/06/el-diablo-de-drakelow-2.html)

Rostros con historia (15)

Auténticamente repulsivo, ¿verdad? Debajo del excellente maquillaje hay un buen actor -que, por cierto, repite en esta serie-; también la película ha aparecido ya en este blog.
Película, personaje y actor, por favor.

Beowulf MS

Beowulf MS
Hwaet!