viernes, 15 de enero de 2010

Dante, Hannibal Lecter y el Rey Balduino

El primer soneto de Dante en su Vita Nuova aparece en el capítulo 3:

A ciascun'alma presa e gentil core
nel cui cospetto ven lo dir presente,
in ciµo che mi rescrivan suo parvente,
salute in lor segnor, cioµe Amore.
Giµa eran quasi che atterzate l'ore
del tempo che onne s tella n'µe lucente,
quando m'apparve Amor subitamente,
cui essenza membrar mi dµa orrore.
Allegro mi sembrava Amor tenendo
meo core in mano, e ne le braccia avea
madonna involta in un drappo dormendo.
Poi la svegliava, e d'esto core ardendo
lei paventosa umilmente pascea:
appresso gir lo ne vedea piangendo.

A toda alma prisionera y gentil corazón,
a cuya presencia venga el decir presente,
por que me escriban su parecer,
salud en su Señor, es decir Amor.
Ya eran casi terciadas las horas,
del tiempo en que toda estrella está luciente,
cuando aparecióseme Amor súbitamente,
cuyo aspecto recordar me causa horror.
Alegre me parecía Amor, teniendo
mi corazón en la mano, y en sus brazos una
dama, envuelta en un lienzo, dormida;
Después la despertaba, y de este corazón ardiendo
ella espantada humildemente comía,
y después irse lo vi llorando.



Inspirado por este soneto, el irlandés Patrick Cassidy (1956) compuso el Aria "Vide Cor Meum"(“Mira mi corazón”) para usarse en la película Hannibal (2001) de Ridley Scout. Según parece, Cassidy terminó por componer una mini ópera.



Curiosamente, “Vide Cor Meum” aparece en otra película posterior de Scout: El reino de los cielos (Kingdom of Heaven, 2005); por cierto, en esta película aparece también una secuencia musical original de El Guerrero nº 13 (The Thirteenth Warrior, Graham Baker, 1999). Véase minuto 4:12:


La melodía de Cassidy me parece preciosa. Requiere poco esfuerzo por parte del oyente, enseguida te envuelve con una especie de atractivo antiguo que parece haber estado siempre en nuestra mente.
Por lo demás, ambas películas de Scott no son gran cosa.





Antonio Fontán (1923-2010)

Antonio Fontán era filólogo, periodista y andaluz. Había nacido en 1923 y, cuando tenía 20 años, conoció a San Josemaría Escrivá y se hizo del Opus Dei, institución a la que ha pertenecido hasta su muerte, acaecida en la madrugada del Jueves 14.
Como si de un humanista del Renacimiento se tratase, la actividad de Antonio Fontán tuvo una vertiente puramente académica e intelectual, y otra de servicio a la sociedad, como periodista y político.
En 1949 ganó por oposición la Cátedra de Filología Latina en la Universidad de Granada. También lo fue de la Universidad Autónoma de Madrid (1972-1975) y de la Complutense a partir de 1976. Desde 1956 hasta 1967 fue Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra. Fontán era, propiamente hablando, un hombre versado en los clásicos (fue Vicepresidente de la Asociación Española de Estudios Clásicos), el humanismo y la crítica textual. Buena cuenta de ello dan sus más de 70 publicaciones.
En 1954, Antonio Fontán se licenció en Periodismo, pero desde hacía dos años dirigía la revista La Actualidad Española, que él había fundado. También fue fundador y director (1954 y 1962) de Nuestro Tiempo. Consciente de la importancia de formar periodistas al servicio de la verdad, fue el primer director del Instituto de Periodismo –la actual Facultad de Comunicación- de la Universidad de Navarra (1958-1962). Más tarde, saltó de nuevo a la arena informativa, siendo el último director del diario Madrid (1967-1971) en los años finales del Franquismo. Este periódico, crítico con la dictadura, fue clausurado en 1971. En la actualidad, Antonio Fontán era el presidente de la Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, revista bimestral de actualidad creada en 1990.
Todos los diarios nacionales del Jueves han destacado, muy especialmente, la relevancia de Fontán en la Transición española. Tras las primeras elecciones democráticas, Adolfo Suárez le nombró Presidente del Senado (1977); como tal, participó en la elaboración y aprobación de nuestra Carta Magna. Durante la segunda legislatura de la UCD fue Ministro de Administración Territorial entre 1979 y 1980.
No conocí personalmente a Antonio Fontán, ni siquiera cuando hace unos años pasó brevemente por Jaén. Sin embargo, su fallecimiento en Madrid me ha cogido a mí también en la capital de España.
Un buen amigo me ha enviado las que fueron sus últimas palabras:
"Dejo esta vida sin tristeza ni pesares, y con la alegría de haber hecho algunas cosas… Ofrezco esta agonía por la Obra, a la que he dedicado mi vida, el Opus Dei; por mis hermanos y especialmente por el Padre; por la Iglesia y el Papa. ¡Y por España! Agradezco a todos y los que me habéis cuidado, tanto a los de mi casa como a todos los parientes y amigos… A mi hermano, Eugenio y a mis numerosos sobrinos… A todos, muchas gracias."
Te mando un abrazo, Antonio.

domingo, 10 de enero de 2010

Nieve en Jaén

Sobre las 14'15 de hoy Domingo ha empezado a nevar en Jaén; han pasado más de tres horas y siguen cayendo copos de nieve. Mis hijos están entusiasmados: la pequeña dice con asombro "¡Navidad!", y los dos medianos ya han salido a la puerta para unirse a los otros niños que están en la calle. Se avecina una batalla campal y algún que otro llanto.

La nieve no es algo habitual en Jaén, por eso siempre es bienvenida. Y sin embargo, hoy me incomoda este derroche de belleza. Por la noche, cuando todos estén durmiendo, saldré al patio trasero de mi casa y tocaré la nieve, helado de nata del Cielo.

Mañana salimos de viaje. Estaremos fuera de casa dos semanas, y no precisamente de vacaciones. Por eso, mientras sigo viendo cómo caen los copos al otro lado de mi ventana, recuerdo las palabras de Joyce al final de su relato "The dead" (Los muertos):

A few light taps upon the pane made him turn to the window. It had begun to snow again. He watched sleepily the flakes, silver and dark, falling obliquely against the lamplight. The time had come for him to set out on his journey westward. Yes, the newspapers were right: snow was general all over Ireland. It was falling on every part of the dark central plain, on the treeless hills, falling softly upon the Bog of Allen and, farther westward, softly falling into the dark mutinous Shannon waves. It was falling, too, upon every part of the lonely churchyard on the hill where Michael Furey lay buried. It lay thickly drifted on the crooked crosses and headstones, on the spears of the little gate, on the barren thorns. His soul swooned slowly as he heard the snow falling faintly through the universe and faintly falling, like the descent of their last end, upon all the living and the dead.

Unos leves toques en el cristal lo hicieron volverse hacia la ventana. De nuevo había empezado a nevar. Soñoliento, vio cómo los copos, de plata y oscuros, caían oblicuos sobre las farolas. Había llegado la hora de iniciar su viaje hacia el Oeste. Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Nevaba por toda la oscura planicie central y en las colinas peladas, nevaba suave sobre la Turbera de Allen y, más al Oeste, la nieve caía suavemente sobre las oscuras y sediciosas aguas del Shannon. También nevaba sobre el desolado cementerio de la loma donde Michael Furey estaba enterrado. Reposaba pesada, esparcida sobre las dobladas cruces y sobre las losas, sobre las lanzas de la pequeña verja y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela mientras oía caer la nieve levemente sobre el universo; mientras oíar caer la nieve levemente, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y los muertos.


domingo, 3 de enero de 2010

Custom Madelman: Sebastián Varela

El 28 de noviembre de 1943 se completaba la organización de la llamada “Legión Azul”. Estaba formada por unos 1.500 voluntarios españoles que, al mando del coronel García Navarro, habían decidido seguir combatiendo junto al ejército alemán tras la vuelta a España de la División Azul. Esta legión tuvo una corta existencia pues, por razones políticas, el 11 de febrero del año siguiente se dispuso su disolución y la repatriación de sus miembros. Sin embargo, no todos regresaron. Entre ellos estaba Sebastián Varela.
La historia de aquellos voluntarios que se negaron a regresar, así como la de quienes salieron de España clandestinamente para combatir contra el Ejército Rojo es un tema controvertido y lleno de interrogantes. Parece ser que los españoles se integraron mayoritariamente en dos compañías (101 y 102) dentro de una unidad de las Waffen SS, “Unidad de Voluntarios Españoles” (Spanische Freiwilligen Einheit). Otros pudieron servir en la Wallonie SS, al mando de León Degrelle. Algunos autores llegan a afirmar que hubo españoles combatiendo en el norte de Italia, en la antigua Yugoslavia, en la frontera franco-alemana, ¡e incluso a las órdenes de Otto Skorzeny en las Ardenas!

El 16 de abril de 1945 el ejército soviético lanza su ofensiva contra Berlín. Miguel Ezquerra, un ex-divisionario y capitán de las Waffen SS, estaba al mando del Einsatzgruppe Ezquerra. Cuántos y quiénes eran sus integrantes no está claro: unos 250 españoles, quizás en su totalidad, de las Waffen SS, además de supervivientes de las divisiones Charlemagne y Wallonie, también SS. En su libro Berlín, a vida o muerte, el propio Ezquerra cuenta de forma un tanto novelesca la defensa desesperada del Reichstag. El 30 de abril el cerco ruso se cierra alrededor de la Cancillería, la Postdammer Platz y la Puerta de Brandemburgo. Ante la avalancha de los tanques T-34, Ezquerra y los suyos escapan por la Friedrichstrasse, atrincherándose cerca del búnker. Antes de eso, el “Sebas” –como le llamaban sus compañeros– dejó fuera de combate a uno de los carros de combate con el panzerfaust de un combatiente caído junto a él. No era la primera vez que destruía un T-34. Durante los primeros días de la Batalla de Berlín había inutilizado otro carro, motivo por el que lucía la preciada distinción sobre su manga derecha; seguramente no habría tiempo para reclamar la segunda.

Trascurrido algún tiempo, y junto a niños y adolescentes de las Hitlerjugend, el Sebas y sus camaradas intentan abrirse paso por el puente Havel. Los que no murieron bajo el fuego ruso, vuelven junto al búnker para rendirse. Ezquerra y alguno más logran refugiarse en la Embajada de España, mientras que al resto de los supervivientes de su grupo les esperaban nueve años en los campos de prisioneros de Stalin. Sebastián Varela fue de los que se cobijaron en la embajada española. Tras un penoso periplo, logró llegar a España.

(Las fechas y episodios referidos en este relato son históricos. También lo son los nombres, salvo el de Sebastián Varela. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Esta recreación no tiene ninguna connotación o intención ideológicas)

Beowulf MS

Beowulf MS
Hwaet!