viernes, 28 de diciembre de 2012

Y tú ¿corres o andas?


Hace unas semanas jaimemarlow hacía el siguiente comentario a la entrada Una historia danesa, a propósito de uno de los personajes:


"Lo que me llama la atención, acerca de los zombies, es el cambio que están sufriendo, por lo menos en el cine. ¡No sé si te habrás fijado en que cada vez son más rápidos! Los 'clásicos' eran muy torpes y lentos, y la única manera que tenían de merendarse a alguien era, o bien rodeándolo, o alcanzando a alguien que se hubiera quedado atrapado, caído, etc.
En cambio en 28 días después ya corrían... y por lo que he visto en el trailer de Guerra mundial Z ya son capaces de saltar muros.
Esto merecería un análisis... ¿consecuencias de la exigencia de una mayor espectacularidad fílmica? ¿Reflejo de que cada vez estamos mas 'atareados' en nuestra vida diaria?"

Es una reflexión interesante, a la que añadí lo siguiente:

"Es cierto lo que dices. Además hay cierto debate en el mundillo sobre si los zombies deben correr o no. Pienso que es una evolución hasta cierto punto predecible dentro del género. También vampiros, hombres lobo y momias han mejorado enormemente sus habilidades físicas desde sus primeras apariciones en pantalla. En el caso de los zombies, si avanzan penosamente crean ansiedad en los espectadores, porque inexorablemente llegan. Los zombies que cazan a la carrera buscan más el efecto shock, impacto,-espectacularidad, como dices tú- al alcanzar a la víctima".
Hoy ha vuelto a salir la conversación y quiero añadir lo siguiente a lo apuntado antes. En primer lugar, coexisten los dos tipos de zombies en la cultura popular actual, los que andan y los que corren: así la serie norteamericana The Walking Dead presenta -como el propio título indica- a cadáveres que andan; por contra, en tantas y tantas películas actuales (o la excelente serie Dead Set, 2008) lo que tenemos es the Running Dead, cadáveres que corren.

Por lo que respecta a los "corredores" han sufrido también un incremento de sus facultades físicas, convirtiéndose en una especie de superzombies que saltan, trepan por las paredes y son extremadamente resistentes -al modo de, por ejemplo, los vampiros y hombres lobo de las series Underworld Blade. En este sentido, aquellos que se han convertido en licántropos o bebedores de sangre han accedido a un tipo de existencia más perfecta, superando los límites de la condición humana. Si a esto añadimos el sex appeal que caracteriza a la mayoría, ¿quién no querría ser uno de ellos? Ya me entendéis.
Los lentos eran originariamente despojos infrahumanos. Tomando como ejemplo las primeras cintas de George A. Romero, se trata de víctimas de una terrible epidemia, atormentados por un hambre voraz, que es su único instinto. Buscan penosamente el modo de alimentarse en una especie de coma con movilidad reducida. Son cazados como torpes bestias por cuadrillas de hombres que, al terminar, organizan una barbacoa. Por todo, no hay malignidad alguna en estas criaturas. Los rápidos, por contra, son predadores, cazadores en manada, que parecen disfrutar con lo que hacen. Y así, pese a estar muertos, parecen tener un instinto asesino, junto al de alimentarse.
Un último detalle. La cultura del click, la de la inmediatez, del download y el upload, parece primar el cadáver a la carrera, que destroza a su víctima cuando la atrapa, frente al lento e implacable avance del zombie de la época de las máquinas de escribir. 
¿Que qué prefiero? 



lunes, 24 de diciembre de 2012

Feliz Navidad

Muchas felicidades a todos los que seguís este blog, a los que arrivéis aquí por accidente y a los que lo consultáis de vez en cuando. Haced un hueco a Jesús niño en vuestro corazón, pero luego no le invitéis a marcharse.
Edward Burne-Jones, "La Estrella de Belén"
Cuando alguien le preguntó al autor del cuadro si creía en la realidad de lo que había pintado, él respondió: “es demasiado hermoso como para no ser cierto”. La belleza sosiega, conforta, inspira, eleva, y nunca decepciona. Porque la belleza auténtica es Dios.
¿Tienes algo hermoso para poner a los pies del Niño?
Feliz Navidad.

Return to Sender

"Return to Sender" es el título de una canción de Elvis Presley. Cuenta la decepción de un enamorado cuando el cartero le devuelve todas las cartas que él envía a su chica, con ese sello en rojo; obviamente, ella no quiere saber nada de él.
Pues bien, esas palabras -en español, "devuélvase al remitente"- me vinieron muy bien como subtítulo a la comunicación que presenté al último congreso de la Asociación de Amigos de Thomas More, celebrado en París el pasado mes de Marzo. ¿Cómo que qué tiene que ver? Os lo explico.
Carlos V, hacia 1533
El 11 de marzo de 1531 el Emperador Carlos V escribió una breve nota al entonces Canciller de Inglaterra, Thomas More; Eustace Chapuys, Embajador imperial en la corte de Enrique VIII, debía entregarla personalmente al humanista inglés. En la misiva, Carlos manifestaba su gratitud a More por ser siempre tan amable con sus enviados. Chapuys admiraba al Canciller, pues lo veía -en sus propias palabras- como un "buen servidor de la Reina Catalina" en el llamado "asunto del rey", esto es, los intentos del monarca inglés por conseguir de Roma la nulidad de su matrimonio con la española. En este sentido, fue el mismo Chapuys quien sugirió al Emperador que escribiera la carta citada, una especie de refrendo que -en opinión del diplomático- haría que More supiese que Carlos estaba contento con él. 
Eustace Chapuys
En una nota que el Canciller mandó a Chapuys, le hacía saber que, por el momento y hasta mejor ocasión, no recibiría carta alguna del Emperador, ni a su embajador. Así lo trasmitió Chapuys a Carlos el 2 de abril, y de ahí el título de la canción de Elvis.
No estaba en el ánimo de More ofender, en modo alguno al Emperador, pero si recibía correspondencia de éste los motivos del Canciller a la hora de defender a la reina Catalina (tía de Carlos) podrían ser interpretados en clave política.
Otro día os traduzco la carta del Emperador, escrita en francés y llena de tachones.

martes, 11 de diciembre de 2012

Aniversario

Hoy hace 19 años que me casé y miro a mi futuro con optimismo. No soy, en modo alguno, el mejor de los esposos, pero me conformo con mirarla a ella y ver que sigue sonriendo con lo que hago o con lo que digo. Esto, obviamente, es una simplificación de mis aspiraciones por mejorar mi vida matrimonial, aspiraciones que -en otra maravillosa simplificación- se resumen en que ella esté contenta.
En ocasiones, viviría la vida de un soltero (pero entonces, tarde o temprano, sería un "solterón"); otras me gustaría conducir una vespa y no un monovolumen familiar lleno de pasajeros, pero sé que me equivocaría de dirección en el primer cruce; y hay algún día en el que me levantaría y me iría a trabajar sin tener que preparar desayunos, sin decir palabra y sin organizar quién va a recoger a los niños del cole, pero de seguro que, esa noche, al volver a casa, no haría otra cosa que contar (por enésima vez) los cd's y dvd's en la estantería. ¿Y cuántas veces desearía no tener que pensar en cómo hacer para que este hijo conserve la beca, aquel otro apruebe las matemáticas y la niña pequeña deje los juguetes recogidos? Muchas. Pero entonces estaría obsesionado porque se ha roto el grifo, o porque tengo que llevar el coche a revisión, o porque se ha estropeado la impresora.
Y vuelvo a mi esposa, para confesar que no me gustan ni la música que escucha, ni las películas que ve. Me da igual que llueva o haga sol, mientras que ella disfruta con un día despejado. Sé -porque me lo ha dicho- que le disgusta que fume en pipa, coleccione "plásticos" y vea películas de terror. Mientras que ella sueña con viajar por el mundo, yo no saldría de la Biblioteca Británica. Y, si la espero en esta mesa de un restaurante para almorzar, sé que ella buscará otra distinta. Pero cuando cierro los ojos por la noche, o al oírla poner la secadora, o cuando se queda dormida a mitad de alguna película, o al verla llegar del trabajo, ... sé que yo estoy donde tengo que estar, como el acento sobre la vocal, como la foto en el marco, como el bordado en la tela. 

domingo, 2 de diciembre de 2012

Una historia danesa (II)

Asmundus –que aún vivía– vio bajar al intruso, y por sorpresa ocupó su lugar en la cesta, arrojándolo al suelo. Los que estaban fuera, creyendo izar a su compañero, sacaron a Asmundus de la gruta. Al verlo, los suecos creyeron que era un draugr (un muerto ambulante), pues el rostro de Asmundus estaba cubierto de la sangre que manaba abundantemente de una herida abierta donde antes había estado su oreja. 
Iban a darse a la fuga los aterrorizados suecos, cuando Asmundus les narró su historia:
“¿Por qué os asombráis al verme sin color? Verdaderamente todo hombre ha de desvanecerse entre los muertos. Por alguna argucia de los poderes infernales el espíritu de Asuithus ha regresado desde el inframundo, y con dientes crueles se ha comido a su caballo; después el perro ha sido pasto de sus mandíbulas abominables. 
No satisfecho tras devorar corcel y sabueso, con uñas afiladas se lanzó hacia mí, desgarrándome la mejillas y arrancándome la oreja. Eso explica el horrible aspecto de mi rostro desfigurado, y la sangre que brota a borbotones de tan fea herida. Y sin embargo, el causante de tanto horror no ha salido indemne: pronto corté su cabeza con mi acero, y empalé su malvado cadáver en una estaca”. 
Dos detalles llaman la atención en este relato. En primer lugar, la decapitación y posterior empalamiento de Asuithus recuerda al modo en el que los vampiros son destruidos. En segundo, este draugr nórdico se comporta como un auténtico zombie, movido por un apetito voraz. Así pues, los cientos de “caminantes” que semanalmente deambulan hambrientos en la serie The Walking Dead no son, en modo alguno, una creación del mundo actual.

Beowulf MS

Beowulf MS
Hwaet!