domingo, 28 de junio de 2009

"Danny Boy"


“Danny Boy” es una balada irlandesa compuesta en 1910 y que se entona al son de un himno irlandés muy popular de principios de siglo (el Londonderry Air) cantado por los emigrantes que llegaban en oleadas a los Estados Unidos desde Eire.
En 1990 se estrenó la película “Muerte entre las flores” (Miller’s Crossing) de Joel y Ethan Coen. Leo O’Bannon es un irlandés que tiene el control político de una gran ciudad en la época de la ley seca. Sus métodos son los de un gangster; sus enemigos, la mafia italiana y su sentimentalismo: está ciegamente enamorado de una mujer que juega con él.


Como todo irlandés –como todo emigrante- añora a su patria. Tendido en la cama de su dormitorio, saborea un puro mientras escucha en su gramófono al tenor irlandés Frank Patterson interpretar “Danny Boy” en un disco de pizarra. Leo que, debemos suponer ha hecho fortuna en los bajos fondos, es extremadamente sagaz y distingue el olor de un humo distinto al que arde cerca de su nariz. Mira hacia la izquierda y puede observar los hilos grises que se filtran sinuosos entre las tablas de madera del suelo. Inmediatamente entiende lo que está pasando: hay fuego en el piso de abajo. Con la frialdad de quien sabe que la precipitación le delatará, se sienta en el borde de la cama, introduce cuidadosamente sus pies desnudos en las zapatillas y apaga el puro; después lo mete en el bolsillo de su batín. Antes de deslizarse debajo de su lecho, ha cogido el revólver que había en su mesita de noche.

Comienza una secuencia espléndida que concluye con los últimos sones de “Danny Boy”. Leo tiene otra vez el puro en boca; en sus manos sostiene una ametralladora Thompson, la famosa Tommy gun.



viernes, 26 de junio de 2009

Justo en medio de la calle



Hoy por la tarde, mi amigo Richard T. Meyer de Chicago, junta a su mujer Anne y sus seis hijos, asistirán a la Misa que se celebrará en honor de San Josemaría Escrivá en la Iglesia de Our Lady of the Angels en Chicago. Gustavo Galindo, de Méjico, y su esposa Betty, a quienes conocí en el 2003 en New Haven (USA), lo harán en la Catedral de St Patrick de Nueva York. Hoy, gente de todas las razas, de todas las condiciones sociales y en los cinco continentes darán gracias a Dios por la fidelidad de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.

El mensaje de este santo (1902-1975), en lo esencial, es bien sencillo. Cualquier hombre, por bautizado, está llamado a la santidad, a la identificación con Cristo. En el caso de las personas llamadas al Opus Dei -tú, por ejemplo- el modo concreto de alcanzar la santidad es quedarte donde estás, haciendo tu trabajo con perfección humana y profesional, queriendo a tu familia y amigos, y hablándoles a todos de Cristo con una sonrisa. Tienes toda la vida para hacerlo, sin desánimos, comenzando una y otra vez, hasta el último suspiro. Piensa esto cada vez que te levantes por la mañana.

"¿A quién molesta este santo?" -se preguntaba hace algún tiempo la periodista Pilar Urbano-. Muy sencillo: a quienes les gustaría que los cristianos estuvieran refugiados en las parroquias, en las sacristías, en los conventos, en los claustros,...en las catacumbas. No, los cristianos estamos, como ellos -y con el mismo derecho- justo en medio de la calle, en el fragor del mundo, bajo el sol y con la que está cayendo, porque ahí nos ha puesto Dios y San Josemaría nos lo recordaba insistentemente.

miércoles, 24 de junio de 2009

El megáfono de Dios

Al Joven -y agnóstico- C.S. Lewis le dieron dos consejos, a los que afortunadamente no hizo caso. El primero era que no se acercara a los "papistas", nombre despectivo con el que algunos protestantes designan a los católicos. El segundo fue más curioso aún: que no frecuentara la compañía de los filólogos. Tolkien era las dos cosas. Ambos coincidieron en Oxford. La influencia del autor de El Señor de los Anillos, así como la lectura de El Hombre Eterno de G.K. Chesterton (otro escritor católico), son esenciales a la hora de entender la vuelta de Lewis al Cristianismo. En cualquier caso, el autor de Las Crónicas de Narnia -y para desilusión de su amigo Tolkien- se mantuvo en la Iglesia Anglicana, por la que había recibido el bautizo en 1898. De todas formas, muchos de sus planteamientos doctrinales le acercan al Catolicismo (i.e., la existencia del Purgatorio).

En 1993 el actor Anthony Hopkins interpretó el papel de Lewis en la película Tierras de Penumbra (Shadowlands) del director británico Richar Attenborough. Como en otras ocasiones, Lewis habla a su audiencia sobre la aparente paradoja de la existencia de un Dios amoroso, de un lado, y el dolor en el mundo, de otro. La conclusión a la que él llega es, como mínimo, dura de oír. A mí, personalmente, me recuerda las palabras del Evangelio de Marcos, al describir la muerte del Crucificado: "Entonces Jesús, dando un grito, expiró" (15, 37).

lunes, 22 de junio de 2009

San Juan Fisher




Tal día como hoy, en 1535, moría decapitado en la Torre de Londres Juan Fisher, Obispo de Rochester desde 1504. La Iglesia lo canonizó el 19 de mayo de 1935 y celebra hoy su festividad, junto a la de Santo Tomás Moro.

Fisher se había ordenado sacerdote en 1491 y pronto (1497) se convirtió en el confessor de Margaret Beaufort, la madre del rey Enrique VII. Algún día escribiré aquí sobre ella. Sospecho que Tomás Moro llamó a su hija mayor Margaret por ella, pues creo que admiraba a esta mujer: modelo de mujer piadosa, muy culta -publicó varias traducciones del francés-y mecenas del mundo de las letras. Fue ella quien, alentada por Fisher, fundó el Christ’s College (1505) y el St. John’s College en Cambridge.

Tras la muerte de Margaret Beaufort, Fisher fue nombrado Canciller de esta Universidad en 1504. Durante la década de los 1520, con Enrique VIII (el nieto de Margaret Beaufort en el trono), Fisher se opuso abiertamente a las doctrinas luteranas que llegaban a Inglaterra, al tiempo que denunciaba las injerencias del estado en los asuntos de la Iglesia. Consciente de los problemas en el seno de la misma, instaba a todos a mantener una actitud de vigilancia y autocrítica para estar alerta a las mociones del Espíritu Santo.

Cuando el Rey Enrique planteó la posible nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón, Fisher tenía los días contados, pues tomó partido abiertamente por la reina. Luego vino su negativa a aceptar a Enrique como Cabeza de la Iglesia de Inglaterra por el “Acta de Supremacía” (1534); tampoco acató el “Acta de Sucesión”, en tanto que negaba la autoridad del Papa en cuestiones matrimoniales. Moro había hecho lo mismo. Ambos fueron encarcelados, el Obispo aquejado de una grave dolencia. Un año después, el Papa Pablo III le creaba Cardenal, enfureciendo a Enrique que le juzgó el 17 de junio por alta traición. Tres días después fue ejecutado y su cuerpo arrojado a una fosa común. Su amigo Tomás Moro pronto seguiría su misma suerte.

sábado, 20 de junio de 2009

Una teoría del coraje



Me dice mi amigo Javier Cercas que debo hacer las entradas del blog más breves; así que voy a intentar hacerle caso. Escribiré más a menudo, aunque de forma más escueta. Una vez a la semana, más o menos, publicaré algo de más entidad.
En 1999 John McTiernan dirigió la película El guerrero número 13 (The 13th Warrior). La historia cuenta las aventuras de un árabe, Ibn Fadlan (Antonio Banderas), que termina combatiendo al lado de un grupo de 12 vikingos Rus contra una tribu de salvajes criaturas primitivas, los Wendols. La cinta está inspirada en la novela Los devoradores de muertos (Eaters of the Dead), de Michael Crichton, que a su vez, es un curioso mestizaje entre el Beowulf anglosajón y el relato de los viajes de Ibn Fadlan, un embajador de Bagdad del siglo X.
La película es sólo para amantes del género épico. Sin embargo, al final, hay una secuencia que merece la pena. El “árabe” –como le llaman sus compañeros del Norte– y los escasos supervivientes que aún quedan con vida (incluido el jefe de la banda que agoniza), se disponen a enfrentarse a un enemigo muy superior en número (como siempre es el caso). Todos miran a su líder, que casi no puede levantar la espada del suelo, y entienden que no sobrevivirá; él también y, pese a todo, combatirá. Ninguno se moverá de su lado, aunque ello
signifique también la muerte. Tolkien llamó a esto el “heroísmo desnudo”, mucho más perfecto porque no espera recompensa, toda una “teoría del coraje”.
El jefe, entonces, comienza a recitar un poema –pronto se le une el resto de guerreros– en el que habla de sus ancestros y del lugar que espera a los héroes en los atrios del Valhala, el paraíso de la mitología nórdica. La combinación de música, palabras y el cabalgar de los caballos es emocionante. Cae la lluvia...
No he podido hacerlo más breve.

jueves, 18 de junio de 2009

Revinientes y vampiros



La creencia en los espectros es, pudiéramos decirlo así, una constante antropológica. El hombre siempre ha creído que el mundo de los vivos y el de los muertos interactúan entre sí, un planteamiento que consuela, pero también produce escalofrío. Y así los difuntos, entrando en una primera sistematización, pueden ser benévolos u hostiles. Para mi presente exposición debo centrarme en los segundos y concluir que en todas las culturas del mundo, desde los nativos americanos a los aborígenes de Oceanía, existe la creencia en unos seres que, habiendo fallecido, vuelven al reino de los vivos para atormentar y, en ocasiones, traer la muerte a familiares y vecinos. El término francés revenant ha gozado de cierto predicamento entre los estudiosos de esta creencia durante la Edad Media, adquiriendo un sentido muy específico. Revenant es el participio de presente de revenir, «retornar», «regresar», «volver». No se trata, por tanto, sólo de designar que alguien que murió, se aparece a los vivos (el tradicional fantasmo o espectro); sino de algo más aterrador: alguien que, pese a estar muerto, viene, o mejor dicho, vuelve con su cuerpo para agredir a los vivos. Materialidad y hostilidad manifiestas son, pues, los rasgos que definen a los revinientes medievales.
En castellano, «reviniente» no figura en el DRAE; «redivivo» (aparecido, resucitado), aunque similar, parece no recoger los matices del término francés en su totalidad. En nuestra lengua, las palabras «fantasma» o «espectro» lleva indefectiblemente asociada la noción de inmaterialidad. La expresión «muerto» o «cadáver ambulante» es quizá más apropiada, pues recoge los matices de revenant: el aspecto corporal del fantasma –en «muerto»/«cadáver»– y el movimiento –«ambulante»--, aunque no derive del latín venire. Permítaseme, por tanto, la licencia de utilizar el galicismo «reviniente», de fácil comprensión, para designar por tanto a un muerto que vuelve en cuerpo (mas no alma) al mundo de los vivos para traer la muerte.
Por ir desarrollando una cierta taxonomía, y dentro de los revinientes, utilizaré el término «vampiro» –de etimología incierta– para designar al ser que, después de haber muerto, regresa para beber la sangre de sus víctimas. Estos seres están condenados a una existencia en la que no han dejado aún el mundo de los vivos, ni tienen acceso por tanto al de los muertos. Por eso, el vampiro es el «no-muerto». Su existencia se filtra penosamente por las rendijas que se abren al mundo del hombre mortal, de carne, hueso y sangre. El vampiro parece aferrarse a la tierra, anclado a ella por su materialidad; ése es su privilegio... o su condena.
Por eso, insisto, el vampiro no es un espectro, inmaterial y envidioso de la corporeidad de los que aquí quedaron. Consecuentemente, no utilizaré los términos «fantasma» o «espectro». El vampiro vive una vida preternatural, que burla tanto a la visión trascendental del hombre, como a la materialista. El no-muerto lleva sobre su frente, como marca de Caín, la negación que define esencialmente su existencia. También como el primer fratricida, el vampiro ha de deambular en soledad por el país de Nod (Génesis IV, 16), el purgatorio terrenal, sin padre ni madre, sometido a la necesidad enfermiza de alimentarse de la vida de otros: por eso priva a los vivos de su sangre y de su carne, metonimia de esa vida que anhela. En el fondo y en origen, estamos ante seres penosamente vitalistas nacidos a una existencia en la que no hay leche materna, sino la sangre de los seres queridos, los primeros de los que el no-muerto se nutre.
Para el vampiro medieval, Drácula es un incómodo advenedizo, alguien que ha hecho olvidar a esos otros no-muertos postergados ante la petulancia del aristócrata transilvano, que vampirizó a muchos de ellos. El vampiro medieval, brutal y primitivo, el folclórico, se fue desvistiendo de su primitivismo para cubrirse con las galas púrpuras, violáceas (¿y rojizas?) con las que el conde sedujo al siglo XX. Ha sido, precisamente, la novela de Bram Stoker y sus múltiples adaptaciones fílmicas (más o menos fieles) las que más han contribuido a que el mito del vampiro sea uno de los iconos centrales de la cultura popular occidental en el siglo XX: el Conde transilvano es el personaje de ficción que más ha sido llevado a la pantalla, según pontifica una pregunta del Trivial Pursuit, seguido a cierta distancia por Tarzán. Y sin embargo, esta misma novela, por el contrario, ha oscurecido la verdadera naturaleza del mito.

jueves, 11 de junio de 2009

Alien vs. Grendel



He leído recientemente una interesante entrada en el blog cambiaelmundo sobre la película Alien (1979) de Ridley Scott. El autor, a propósito del 30 aniversario de este filme -no busquéis en el DRAE, pues admite ese término y también “film”-, combinaba sus recuerdos personales de la noche del estreno en Barcelona, apuntes sobre la película y terminaba refiriendo un hecho luctuoso que, de nuevo, le llevaba a tiempos pasados: la muerte en extrañas circunstancias de David Carradine, el Kung Fu de la noche de los viernes para quienes fuimos niños en los 70. Había pensado yo escribir algo sobre Alien, pero dado que lya había comentada en el blog otra película de Scott (Blade Runner), le daba vueltas a hacerlo. Entre tanto, se adelantó Alberto; él me ha animado a que “escriba algo”.
Todos los años, en mis clases de literatura medieval, hago referencia a Alien. En el primer gran poema de la literatura inglesa, Beowulf (conservado en un manuscrito del año 1000, aproximadamente), el héroe geata se enfrenta a Grendel, una criatura semihumana que asola desde hace doce años el reino de los daneses. El poeta anónimo nunca describe físicamente en su totalidad a este engendro, sanguinario y cruel. Nos deja sólo flashes que, en la oscura noche del Norte, muestran sus ojos encendidos, sus garras o su descomunal estatura. El lector tiene que recrear al depredador en su propia imaginación, entonces y ahora, según sus propios horrores. De este modo, Grendel no ha quedado anquilosado en la Edad Media: podemos completar su fisonomía y hacer de él un vampiro (http://www.miscelaneajournal.net/images/stories/articulos/vol32/merino32.pdf) o la deforme abominación cuasihumana que hemos podido ver en el Beowulf de Robert Zemeckis (2007).

De modo similar, Alien, durante la mayor parte del metraje de la película, tiene cierto pudor en mostrar su cuerpo. Vemos sus fauces húmedas, su silueta de neopreno futurista, o su cráneo en forma de berenjena. Desgraciadamente, al final, el enemigo se nos muestra en su totalidad. Descubrimos, entonces, a un actor disfrazado con un estrafalario atuendo; unos minutos antes de que se enciendan las luces, la magia se rompe. Es lo único que reprocho a la película, aunque entiendo que Scott tuviera que mostrar a quien tanto se había ocultado: necesitamos ver, ver para creer. Pero volviendo a Grendel (y sin dejar a Alien), me llama la atención cómo ambos enemigos comparten otras características (además de su indefinición anatómica), en su naturaleza y en su modus operandi. La sangre de ambas criaturas es enormemente corrosiva, y destruye tanto las espadas, como las planchas metálicas de la Nostromo. Grendel sólo ataca por la noche, y Alien es como la pesadilla que deambula por los oscuros corredores y galerías de la nave comercial, en ese cosmos amenazante, oscuro y silencioso. Pero además, y aquí hay casi un arquetipo atávico, Grendel tiene una madre terrible, ogresa de las profundidades, que vive con él y que casi consigue destruir al héroe Beowulf. También Alien proviene de una gran ponedora de huevos, auténtica matriarca de su especie, cuyo alter-ego en la nave Nostromo es la gran computadora que parece querer proteger a la letal criatura y que, curiosamente, responde al nombre de "Madre".

lunes, 8 de junio de 2009

DÍA D, HORA H








El 6 de junio de 1944, a las 6’30 de la mañana, la mayor fuerza expedicionaria jamás reunida durante un conflicto bélico ponía rumbo a las costas de Normandía, dando comienzo la operación Overlord. La noche anterior, poco después de las 0’00 tropas aerotransportadas angloamericanas habían sido lanzadas tras las líneas enemigas.
Las costas de Normandía habían sido divididas en cuatro sectores, conocidos con los nombres clave de Sword, Juno, Omaha, Utah y Gold. El Alto Mando alemán sabía que los aliados, más tarde o más temprano, intentarían abrir un segundo frente en Europa y las costas de Francia eran la previsible puerta de entrada al continente. Además, una ofensiva aliada en Francia era la forma más directa de amenazar las fronteras de la Alemania nazi.

Stalin reprochaba con razón a sus aliados occidentales que el peso de la lucha contra el III Reich lo estaba llevando la Unión Soviética. En realidad, había ya un segundo frente abierto en Europa contra la Alemania de Hitler, desde que los aliados invadieron Sicilia en Septiembre de 1943. En cualquier caso, los combates en la península italiana no suponían una amenaza real para el Reich y la pericia del Mariscal Kesselring consiguió que el avance aliado fuera lento y enormemente costoso.
De las cuatro divisiones que defendían las costas de Normandía, sólo la 352 de infantería y la 91 aerotransportada estaban realmente preparadas para el combate. Rommel, encargado de la defensa del mal llamado Muro Atlántico -sólo en algunos lugares de la costa lo era realmente- sabía esto, por lo que ubicó en Caen a la formidable 21 División Panzer, lista para ser movilizada en caso de invasión.

Al final del Día D, y pese a que en el sector de Omaha los aliados se plantearon la posibilidad de abandonar la playa, la operación podía considerarse un éxito razonable. En menos de una año, la guerra en Europa había terminado. Repuestos de la sorpresa inicial, los alemanes respondieron con ferocidad. Las divisiones acorazadas alemanas estaban curtidas en muchos campos de batalla (desde el norte de África hasta las llanuras soviéticas); junto a ellas combatían las Waffen SS. La Batalla de Normandía, curiosamente, se decidió en el aire: fue la superioridad aérea de los aliados, que continuamente bombardeaban las líneas de blindados y abastecimiento de los alemanes, las que inclinaron afortunadamente la balanza al final hacia el lado de los aliados.

jueves, 4 de junio de 2009

Carta de Sir Thomas More a su hija


El 3 de junio de 1535, Sir Thomas More compareció por tercera vez ante el Consejo Real, integrado por Thomas Cranmer (Arzobispo de Canterbury), Thomas Audley (nuevo Canciller de Inglaterra), Charles Brandom (Duque de Suffolk), Thomas Bolena y Thomas Cromwell (Secretario del Rey Enrique VIII). El propósito era conseguir obtener del más famoso prisionero de la Torre de Londres su juramento de adhesión al Acta de Supremacía, que proclamaba al Rey Cabeza de la Iglesia de Inglaterra, o arrancar los motivos por los que se negaba a hacerlo, para poder acusarlo de Alta Traición. More era un hueso duro de roer.
Finalizado el interrogatorio, el ex-Canciller escribe a su hija esta carta.


Nuestro Señor te bendiga a ti y a los tuyos.

Amadísima hija, ya que es muy probable que hayas oído –o que en breve oigas– que el Consejo estuvo aquí hoy, y que comparecí ante ellos, he creído necesario enviarte razón de cómo sigue el asunto. Verdaderamente, y siendo breve, percibo poca diferencia entre esta vez y la anterior, ya que por lo que puedo ver, el propósito de todo esto es hacer que me pronuncie en un sentido o en el otro.
Se sentaron aquí mi Señor de Canterbury, mi Señor el Canciller, mi Señor de Suffolk, mi Señor de Wilshire y Maese el Secretario. Y después de que yo llegara, Maese el Secretario me repitió el modo en el que había informado a su Alteza Real: qué me había dicho su Gracioso Consejo y lo que yo le había respondido en mi última comparecencia. Esto, a fe mía, lo repitió Maese el Secretario muy bien, como yo reconocí, confesé y de todo corazón le agradecí. Seguidamente añadió que su Alteza Real en modo alguno estaba contento o satisfecho con mi respuesta. Por el contrario, él pensaba que por mi conducta, yo había dado ocasión de rencor y daño al reino, y que tenía una mente obstinada y malvada contra él. Siendo cual era mi deber de súbdito, él les había enviado ahora -en su nombre y sobre mi lealtad- para ordenarme que diera una respuesta clara y terminante sobre si yo pensaba que el estatuto era legítimo o no. Por tanto, yo debía reconocer y confesar que era legal que su Alteza debía ser la Cabeza Suprema de la Iglesia de Inglaterra, o si no, manifestar claramente mi malicia.
A esto respondí que no tenía malicia y que, por tanto, ninguna podía manifestar. Y en lo referente al asunto, no podía dar otra respuesta que la que antes había dado, la cual Maese el Secretario allí había repetido. Muy apesadumbrado estaba yo de que su Alteza Real pudiera tener tal opinión de mí. Aunque, si había habido alguien que hubiera informado a su Alteza de muchas cosas malvadas de mí (inciertas, pero a las que su Alteza había dado crédito en esta ocasión), yo sentiría mucho que tuviera tal opinión de mí en el espacio de un día. Si yo supiera con certeza que otro iba a venir por la mañana por quien su Gracia comprendiera la verdad de mi inocencia, hasta entonces este pensamiento me consolaría. Así, ahora, aunque es un gran pesar para mí que su Alteza tenga tal opinión de mí por el momento y no tengo remedio para evitarlo, me consuela pensar que sé muy bien que vendrá el momento cuando Dios declarare mi verdad hacia su Gracia, ante él y todo el mundo. Y pese a que esto podría parecer un motivo pequeño de consuelo –pues mientras tanto yo podría sufrir daño–, le daba gracias a Dios de que mi situación en este asunto era así por la claridad de mi propia conciencia: aunque yo sufriera dolor no podría recibir mal, ya que un hombre puede en tal caso perder su cabeza sin recibir mal. Pues estaba muy seguro de que no tenía afectos corrompidos, sino que siempre desde el principio en verdad me he acostumbrado a mirar primero a Dios y después al Rey, según la lección que su Alteza me enseñó al entrar por primera vez a su servicio, la lección más virtuosa que jamás un príncipe enseñó a su siervo. Que su Alteza tenga de mí tal opinión es mi gran pesar, pero no tengo medio alguno, como dije, de evitarlo, sino sólo consolarme mientras con la esperanza de ese día gozoso en el que mi verdad para con él será conocida. Y más allá no puedo ir en este asunto, ni puedo dar otra respuesta a esto.
A esto tanto mi Señor el Canciller como Maese el Secretario dijeron que el Rey, por sus leyes, podría forzarme a dar a esto una respuesta clara, en un sentido o en otro.
Respondí que no discutiría la autoridad del Rey (o qué haría su Alteza en tal caso), pero dije que en verdad me parecía, pese a poder ser corregido, un tanto duro. Porque si sucedía que mi conciencia me enfrentaba a los estatutos (con lo que no hago declaración alguna sobre cómo me guía mi conciencia) entonces, sin hacer ni decir yo nada contra el estatuto, sería una cosa muy dura forzarme a decir precisamente lo que va contra mi conciencia, para pérdida de mi alma, o, en el otro sentido, precisamente aquello que lleva a la destrucción de mi cuerpo.
A lo cual Maese el Secretario dijo que, antes, cuando yo era Canciller y examinaba a los herejes, ladrones y otros malhechores, él me había alabado muy por encima de mis merecimientos en esto. Y añadió que, según tenía entendido, yo entonces solía –o al menos los obispos lo hacían– examinar a los herejes sobre si creían que el Papa era la cabeza de la Iglesia, y solía forzarles a dar una respuesta precisa sobre esto. Por qué, entonces, no debería el Rey, puesto que se ha promulgado aquí una ley por la que su Gracia es Cabeza de la Iglesia, forzar a los hombres ahora a responder con precisión a la ley, como hicieran en su día respecto al Papa.
Respondí y dije que dejaba claro que no tenía propósito de defender postura alguna o buscar polémica, mas añadí que había una diferencia entre aquellos dos casos, ya que en aquel momento, tanto aquí como en el resto del cuerpo de la Cristiandad, el poder del Papa se reconocía como algo indudable, lo cual no se parece a algo acordado en este reino y contrario a lo tenido por verdad en otros reinos. A esto Maese el Secretario respondió que igual que unos fueron quemados por negar aquello, son decapitados otros por negar esto, y por tanto tan buena razón era para forzarles a dar una respuesta precisa en un sentido o en otro.
A esto respondí que, puesto que en este caso un hombre no está del mismo modo obligado en su conciencia por una ley de un reino, habiendo una ley en sentido contrario en todo el cuerpo de la Cristiandad en un asunto que toca a las creencias, como lo está por una ley de todo el cuerpo aunque pueda haberse hecho una ley local en algún lugar en sentido contrario, lo razonable o no razonable de obligar a un hombre a una respuesta precisa no se fundamenta con respecto a, o por la diferencia entre, la decapitación o la hoguera, sino por que la diferencia en el cargo de conciencia hace que la diferencia sea entre la cabeza y el infierno.
Mucho debatieron a propósito de esto tanto Maese el Secretario como mi Señor el Canciller, y demasiado largo para repetirlo. Y en conclusión me ofrecieron un juramento en el cual yo habría de jurar dar una respuesta verdadera a las cosas que debían preguntárseme de parte del Rey, relativas a la propia persona del Rey.
A propósito de esto respondí que en verdad tenía el propósito de nunca más tomar juramento alguno mientras viviera. Ellos dijeron entonces que era obstinación si yo lo rechazaba, porque cualquier hombre lo hace en la Cámara Estrellada o en cualquier otro sitio. Dije que eso era cierto, pero que no tenía tan poca vista como para no poder conjeturar qué puntos serían parte de mi interrogatorio y tan bueno era rechazarlos desde el principio como después.
A esto mi Señor el Canciller respondió que pensaba que yo estaba en lo cierto, porque iba a ver esos puntos y así me fueron mostrados y eran dos: el primero, si yo había visto el estatuto; el segundo, si yo creía que era un interrogatorio legal o no. Seguidamente, rechacé el juramento y añadí de palabra que lo primero lo había confesado antes, y, de lo segundo, no daría respuesta alguna.
Esto fue el final de la entrevista y seguidamente se me envió fuera. En dicha entrevista se comentó que era sorprendente que me empeñara tanto en mi conciencia, cuando en realidad yo no estaba seguro de esto. A esto dije que estaba bien seguro de que mi propia conciencia, informada como está por la diligencia que durante tanto tiempo he tenido en esto, no se opone a mi propia salvación. No me entrometo en la conciencia de aquéllos que piensan de otro modo:
todo hombre permanece en pie y cae para su señor. No soy juez de hombre alguno. También se me dijo que si estaba dispuesto vivir lo mismo fuera del mundo que dentro, como había dicho allí, por qué no hablaba claramente si quiera contra el estatuto. Parecía bien claro que no me agradaba morir, aunque eso decía. Respondí a esto, como es verdad, que no he sido hombre de vida tan santa que me atreviera a ofrecerme a mí mismo a la muerte, no fuera que Dios por mi presunción tolerara que yo cayera, y por tanto no me echo hacia delante sino hacia atrás. Aunque si Dios me lleva a ella Él mismo, entonces confío en su gran misericordia, que no dejará de darme gracia y fuerza.
En conclusión, Maese el Secretario dijo que hoy yo le había gustado mucho menos que la última vez, porque, entonces, dijo, se compadeció mucho de mí y ahora pensaba que no tenía buena intención; pero Dios y yo sabemos que tengo buena intención y a Él pido que la tenga conmigo.
Te ruego que tú y mis otros amigos tengáis buen ánimo, pase lo que me pase, y no os preocupéis por mí, sino rezad por mí como yo hago y haré por ti y por todos ellos.
Tu padre que te ama tiernamente, Tomás Moro Caballero.

martes, 2 de junio de 2009

Artículos

Constituyen, como suele ser el caso, el grueso de mi producción científica. En un principio, estaban muy vinculados a la tesis doctoral. Con el tiempo, sin embargo, me he ido alejando del período llamado de inglés medio, tanto hacia atrás (Old English) como hacia adelante (Renacimiento o Early Modern).

1. “’They are devils of the pit’: concepciones de la mujer en Dracula de Bram Stoker”. The Grove 1 (1996): 93-108. Mi primer artículo y lo que suele pasar. El argumento central no es del todo mío: que las mujeres son la verdadera amenaza en la novela de Bram Stoker. En todo caso, como siempre me gustó esta obra, la idea está bien defendida e ilustrada profusamente con abundantes citas del texto (otro vicio de principiante). Ellas son las no-madres, las no-esposas, voluptuosas vampiras de labios rojos que han de ser decapitadas por el hombre; sólo así escaparán a su hechizo. Hoy escribiría el texto en inglés. Aún tengo pendiente la segunda parte: hablar de Mina Harker.

http://www.ujaen.es/dep/filing/web_departamento/grove/grove1.pdf


2. “La Virgen María en Sir Gawain and the Green Knight: fuentes y contexto”. Revista de la Facultad de Humanidades de Jaén 4-5 (1995-96): 101-20. Una parte de mis tesis doctoral y un tema al que he intentado volver varias veces. Gawain es el caballero de la Virgen María, un título que ostenta con honor en el romance Sir Gawain and the Green Knight. En este artículo amplío un poco lo que, en este sentido ya a puntaba en mi trabajo de doctorado. Es un tema apasionante que, en recientes tanteos, me ha llevado al mismísimo San Jorge, el santo más popular de Inglaterra. Definitivamente, volveré.

3. “La Virgen María y el fin’amors en la poesía medieval inglesa”. The Grove 4 In Memoriam Francisco Manzaneda Oneto (1997): 553-66. La Virgen como la única Dama que merece ser cantada en los poemas de amor cortés. Este fenómeno se dio en toda Europa; en España, Berceo decía que quiere ser el trovador de la Virgen.
http://www.ujaen.es/dep/filing/web_departamento/grove/grove4.pdf

4. “’I Be Not Now He That Ye Of Speken’: Middle English Romances and the Conventions of Courtly Love”. SELIM 8 (1998): 117-46. A vueltas con el amor cortés, esta vez para hablar del reflejo de sus convenciones en los romances artúrico y, concretamente, en los que se escribieron en Inglaterra. El argumento central es que éstos son esencialmente distintos a los franceses, pues en los primeros se evitan las connotaciones adúlteras o inmorales que caracterizan a los segundos, en los que la relación por excelencia, entre Lanzarote y Ginebra, es una relación extramarital. No abordo Le Morte d’Arthur de Thomas Malory, hecha de materiales franceses e ingleses, escrita en el siglo XV y en la que el adulterio de la reina tiene un marcado carácter disuasorio, como clave de la ruina del mundo artúrico, junto con la traición de Mordred, hijo incestuoso de Arturo.http://www.uniovi.es/SELIM/SELIM_PDF/SELIM08.pdf

5. “Gauvain and Gawain: The Two Sides of the Hero”. SELIM 9 (1999): 101-10. Éste es el texto, como tal y sin revisar, de una comunicación presentada a un congreso de SELIM; me hubiera gustado revisarlo. El argumento central es conocido: la diferencia notable entre el tratamiento que los autores, franceses e ingleses, hacen de un mismo personaje, Gauvain (pendenciero y mujeriego) y Gawain (leal, cortés y virtuoso). Hecho está.http://www.uniovi.es/SELIM/SELIM PDF/SELIM09.pdf


6. “The Fishmonger’s Daughter Goes Crazy (I): The Domineering Father, The Mad Lover and the Dead Mother”. SEDERI 10 In Memoriam Patricia Shaw (1999): 225-38. Un artículo muy trabajado y documentado; recuerdo que le dediqué también un rato a pensar el título, pues quería que sonara a tragicomedia. El texto tiene tintes freudianos, pero no demasiados. Ophelia en el centro de un universo masculino, victimizada por todos -también por Gertrude-, incapaz de decidir y anulada por su padre, Polonius. Prometí una segunda parte, pero va a ser que no.

7. “Glory of Spayne: Juan Ruiz through the Eyes of an Englishman”. Revista Canaria de Estudios Ingleses 45 (2002): 233-244. Cuando llevé presenté la comunicación de lo que luego sería este artículo en el congreso de la New Chaucer Society en Londres, julio del 2000, una de las asistentes dijo, refiriéndose a mí, algo así como “¡Nunca pensé que hubiera alguien en España que pudiera escribir sobre Chaucer!”. Obviamente, no todos los que estaban allí compartían el asombro de aquella señora. El artículo aborda un tema de difícil investigación: la posible influencia de Juan Ruiz sobre el autor de los Canterbury Tales.

8. “Morean Correspondence in a Spanish Ambiance”. Moreana 149 (2002): 41-60. En 2001 tuve la suerte de asistir en Angers un congreso de la Amici Thomae Mori Society, a la que pertenecía desde 1997 cuando Miguel Martínez López me presentó a su fundador Germain Marc’Adour. Clare Murphy, entonces editora de Moreana -la revista de la citada asociación- y a quien desde entonces considero una buena amiga, me encargó hacer una reseña sobre una traducción al castellano del epistolario de Tomás Moro aparecida en nuestro país. Le dije que me consideraba un medievalista; ella, como siempre, insistió y acepté. Al final el texto se publicó como reseña-artículo, y Moro no se ha ido ya de mi cabeza.

9. “Juan Ruiz’s Influence on Chaucer Revisited: A Survey”. Neophilologus 88 (2004): 145-161. Una nueva versión del artículo publicado en la Revista Canaria de Estudios Ingleses y, en opinión de mi buen amigo Fred C. Robinson, Catedrático Emérito de la Universidad de Yale, el texto definitivo sobre la posible influencia de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita en Chaucer. El artículo fue publicado en una reputada publicación europea y su impacto ha sido moderado.
http://www.springerlink.com/content/m2x04104g62h4336/
http://cat.inist.fr/?#

10. “The Old English Poem ‘A Vampyre of The Fens’: A Bibliographical Ghost”. Miscelánea 32 (2005): 87-102. Estuve dos años dándole vueltas al tema expuesto en este artículo. En varias monografías sobre literatura vampírica se citaba de forma incompleta o dudosa un poema medieval anglosajón llamado “El vampiro de los pantanos”. Yo no encontraba este maldito poema y sospechaba que no existía, pues la literatura escrita en inglés antiguo es un corpus perfectamente estudiado y catalogado en el que no figura tal obra. Al final, resulta que un articulista del siglo XIX, escribiendo en una revista editada por Charles Dickens metió la pata y se refirió al poema más famoso de la literatura anglosajona, Beowulf, con ese curioso nombre; al citarle otros, la confusión está servida. ¿Y quién es el vampiro? Grendel. El título, “Un fantasma bibliográfico” es de Fred C. Robinson, que me lo sugirió amablemente.http://www.miscelaneajournal.net/images/stories/articulos/vol32/merino32.pdf

11. “El Vampiro en la literatura medieval europea: el caso inglés”. Cuadernos del CEMYR (Centro de Estudios Medievales y Renacentistas, Universidad de la Laguna) 14 (2006): 205-3. Claro, ya me puse a investigar sobre otros casos de bebedores de sangre en la literatura medieval inglesa. No hay muchos, la verdad sea dicha, ni soy yo el primero en identificarlos. Pasamos un buen rato cuando los presenté en este Seminario de Estudios Medievales y Renacentistas celebrado en la Laguna en 2006, al que fui invitado a asistir por los compañeros del Departamento de Filología Inglesa de esa Universidad insular.

12. “A Month with the Mores: The Meeting of Juan Luis Vives and Margaret More Roper”. English Studies: A Journal of English Language and Literature (The Netherlands) 88.4 (2007): 388-400. Creo que ésta es hasta la fecha mi contribución más original al mundo de la crítica literaria, publicada además en una de las revistas de mayor prestigio a nivel mundial en el ámbito de los estudios de anglística. Abordo la relación entre el humanista español Juan Luis Vives y la hija de Tomás Moro, Margarita, en el ámbito de la amistad entre el valenciano y el padre de ésta, y facilitada, además, por las múltiples visitas que Vives hizo a casa de los Moro cuando fue profesor de Retórica en la Universidad de Oxford. Eran los años felices antes de que Moro, y el mismo Vives, cayeran en desgracia, por oponerse a la decisión de Enrique VIII de anular su matrimonio con Catalina de Aragón. Moro perdió la cabeza y Vives tuvo que abandonar Inglaterra como persona non grata.


13. “Mary Roper Clarke Bassett and Meredith Hanmer’s honorable Ladie of the lande”. SEDERI: A Yearbook of the Spanish and Portuguese Society for English Renaissance Studies XVII (2007): 75-92. Una apuesta un tanto curiosa y arriesgada. Opino que la referencia que hace Meredith Hanmer, un anglicano del siglo XVI, a una honorable dama inglesa que sabe griego y que ha leído algunas de sus composiciones en esa lengua, no es otra que Mary Roper, la mismísima hija de Margaret Roper, y, a la sazón, hija del ejecutado Tomás Moro. Su madre la había educado con el mismo esmero con que su padre la formó a ella y, por ende, sabía a la perfección, latín y griego. El motivo por el que Hanmer no la cita por su nombre es obvio: en la Inglaterra de Isabel I, los Moro son una familia de traidores.


14. "Some notes about Mary Roper Clar(c)ke Bassett and her translations of Eusebius". Moreana 46. 177-178: 146-180. Un nuevo estudio sobre Mary Roper, nieta de Thomas More. Se trata de una versión revisada de la comunicación del mismo título que presente en el congreso de la Renaissance Society of America en Chicago (Marzo, 2008). El texto intenta arrojar un poco de luz sobre una obra de Mary Roper apenas estudiada: la traducción de la Historia Ecclesiatica de Eusebio de Cesarea.
15. “'Beowulfo', 'Geatas' and ''Heoroto': An Apprisal of the Earliest Rendering of Beowulf in Spain”. Miscelánea 39 (2009): 73-102. El poema anglo-sajón medieval Beowulf entró por primera vez en el mercado editorial español en 1934; se trataba de una adaptación orientada para un público infantil-juvenil. En este artículo hago un estudio de ésta y otras tres traducciones/versiones de la obra, incidiendo en los modos concretos en que distintos planteamientos ideológicos condicionaron el tipo de texto que se ofreció a la audiencia española. Dos artículos más sobre traducciones posteriores están por llegar. Por ahora, el primero puede leerse en:



16. "The (Medi)Evil Dead: Revenants and Vampires in Twelfth Century English Literature". Fastitocalon: Studies in Fantasticism Ancient to Modern 1.1 (2010): 21-37. 2010. En este artículo, recojo los casos de revinientes en la literatura inglesa del siglo XII, analizándolos en detalle y señalando su conexión con la literatura nórdica.
Uno de los editores, el Dr. Honegger, de la Universidad de Jena (Alemania), me pidió un artículo sobre la idea del terror en la Edad Media para una nueva revista que iba a co-fundar; yo le envié el borrador de este trabajo. Según me comentó, ninguno de los otros autores envió los trabajos comprometidos. Herr Honegger, sin inmutarse, me dijo: "No importa. Tu artículo dará la pauta. Haremos un nuevo tanteo y solicitaremos artículos sobre el tema que tú has tratado". El volumen 1, por tanto, de Fastitocalon lleva por título "Inmortals and the Undead".
El link de la nueva publicación es:
http://fastitocalon.kolbitar.de/index.php
Una reseña de los artículos de este primer número en:
http://fastitocalon.kolbitar.de/files/Fastitocalon_Review.pdf

17. "Reporting the Stubborn Dead: Revenants and Vampires in Twelfth Century English Literature". Fastitocalon: Studies in Fantasticism Ancient to Modern 1.2 (2011): 153-78. Se trata de la continuación del artículo anterior, centrándome en los casos relatados por William of Malmesbury y Walter Map. Concluyo que los cronistas medievales ingleses -y especialmente el primero-, lejos de creer ingenuamente en historias de fantasmas, muestran su distanciamiento escéptico con las historias que reproducen.
Resulta especialmente interesante que, en uno de los relatos de Malmesbury, uno de los revinientes es descrito como sanguisuga, esto es "sanguijuela". A mi juicio, es el primer caso de vampiro en la literatura europea después de la caída de Roma.

lunes, 1 de junio de 2009

Capítulos en libros

Estos son los capítulos que han aparecido en libros. La mayoría son comunicaciones presentadas a congresos o participaciones en mesas redondas, que luego los editores han decidido publicar en forma de colección de ensayos o estudios. Llegó un momento en el panorama investigador español de las Humanidades en el que los libros de Actas de Congresos (los Proceedings) dejaron de tener peso en los baremos de los evaluadores; de ahí el cambio. En honor a la verdad, por otra parte, el texto que uno lleva a un congreso o a una mesa redonda no es el que luego publica, pues siempre se reelabora, añadiéndosele notas, bibliografía, etc.
“Women and literary creation in Middle English: a few considerations on female authorship”. II Jornadas de estudios ingleses. Eds. C. Medina et al. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Jaén, 1997. 157-64. Se trata, básicamente, del texto de mi Lección Magistral para el examen de Oposición a Profesor Titular de Universidad (31 marzo-1 abril 1998). Investigué los nombres que han llegado a nuestros días de las autoras inglesas del período conocido como Middle English (Inglés Medio). No había nada nuevo en este estudio, sino más bien una serie de reflexiones sobre la autoría femenina y un intento de agrupar en distintas categorías las distintas escritoras.

“Patterns of a Myth: Vampires in Beowulf?”. “Woonderous Lytterature". Selim Studies in Medieval English literature. Eds. Ana Bringas et al. Vigo: Servicio de Publicaciones, 1999. 123-36. Recién estrenada mi condición de joven Profesor Titular de Universidad me decidí a investigar un tema que me apasionaba desde los días en que estudiaba la licenciatura. ¿Es Grendel, la criatura semimonstruosa que aparece en el poema Anglosajón Beowulf un proto-vampiro? Esta hipótesis aún me ronda la cabeza y he vuelto sobre ella una y otra vez, publicando más cosas al respecto. Aquí está la semilla de todas ellas. Gustó mucho la idea cuando la presenté como comunicación al Congreso de SELIM en Vigo (1999).

“Some considerations on the absence of horror literature in the Middle Ages". Literatura y estudios culturales. III Jornadas de estudios ingleses. Eds. J. López-Peláez Casellas et al. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Jaén, 2000. 149-57. Se trata de una participación en una Mesa Redonda junto a mi hermano, el profesor Julio A. Olivares, en unas jornadas organizadas por mi Grupo de Investigación en la Universidad de Jaén. Reflexiono sobre el porqué de la ausencia del subgénero literario del terror en la Edad Media. Algunas de las ideas que entonces expuse, ya no las mantengo; otras sí.



“The Queen of troubadours goes to England: Eleanor of Aquitaine and Chretien de Troyes”. Variation and Variety in Middle English Literature. Eds. F. Cortés et al. Barcelona: Kaddle Books, 2000. 97-104. Se trata de mi comunicación a otro congreso de SELIM, aunque el estudio pertenecía a una investigación mucho más amplia que estaba realizando por entonces sebre Leonor de Aquitania y que no pude publicar por completo. El texto aquí referido aborda la relación entre la entonces esposa de Enrique II Plantagenet y Chretien de Troyes, el famoso autor de los romances artúricos. Es sobre todo, una tarea de recopilación de información repartida en diversas fuentes bibliográficas.http://www.scribd.com/full/41206052?access_key=key-1zswxp2tdg7mxvnvcu7w

“A Monster that Matters: Tolkien’s Grendel Revisited”. Myth and magic: Art according to the Inklings . Eds. Thomas Honegger & Eduardo Segura. Comarë Series nº 14. Zollikofen: Walking Tree Publishers, 2007. 217-58. Me agradó mucho que Thomas Honegger y Eduardo Segura me pidieran una contribución para este volumen, pese a que mi interés por Tolkien es más como crítico y medievalista, que como autor de ficción. Mi estudio aborda pormenorizadamente cómo concibe Tolkien a Grendel, el primer enemigo del héroe Beowulf en el poeme que lleva su nombre. Hay quien ha dicho que mi ensayo está un tanto fuera de lugar en esta monografía, cosa que yo -y también los editores- sospechaban.
http://www.mythsoc.org/reviews/myth.magic.art.inklings/


“Lady Margaret Beaufort and Margaret More Roper: Similarities and Differences”. “So long lives this, and this gives life to thee”: Homenagem a Maria Helena de Paiva Correia. Eds. A. Pinheiro de Sousa et al. Lisboa: Departamento de Estudos Anglísticos da Universidade de Lisboa. 2009. 227-245. En este ensayo presento a dos mujeres cuyo interés por la cultura les llevó a internarse en un mundo -el de la creación literaria- tradicionalmente vetado para ellas.
“John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973)”. Rewriting the Middle Ages in the Twentieth Century: Volume II, National Traditions. Eds. J. Aurell & J. Pavón. Turnhout: Brepols Publishers. 2009. 327-70. En mi segunda aproximación a Tolkien, ahondo en la visión que el profesor tenía de la Inglaterra Anglosajona cristiana, como elemento esencial de lo que él consideraba el carácter inglés.
http://www.medievalists.net/2009/11/05/rewriting-the-middle-ages-in-the-twentieth-century/

“The Queen of Troubadours Goes to England: Eleanor of Aquitaine and XIIth Century Anglo-Norman Milieu”. Into Another’s Skin.Selected Essays in Honour of María Luisa Dañobeitia. Eds. Mauricio D. Aguilera Linde et al. Granada: Universidad de Granada, 2012. 19-34. Una continuación, o un complemento, del artículo publicado en el 2000 y antes referido. Fue mi contribución al volumen editado en Granada tras la jubilación de la Dr. Dañobeitia, mi querida directora de tesis.

 “El reviniente del Castillo de Anantis: Autopsia de un relato del s. XII”. Vampiros a contraluz. Constantes y modalizaciones del Vampiros en el Arte y la Cultura. Granada: Editorial Comares, 2012). Este libro recoge una serie de contribuciones en las diversas áreas en las que el mito del vampiro ha tenido eco. Se trata de conferencias impartidas en su día en la Universidad de Granada; yo pude participar como ponente. (http://eugenioolivares.blogspot.com.es/2011/04/vuelvo-granada.html). Mi artículo aborda un tema al que dediqué en su día dos entradas. http://eugenioolivares.blogspot.com.es/2011/06/el-reviniente-de-anantis-1.html http://eugenioolivares.blogspot.com.es/2011/06/el-reviniente-de-anantis-ii.html

Beowulf MS

Beowulf MS
Hwaet!