jueves, 8 de marzo de 2012

¡El mañana me pertenece!

Muchas veces oigo a la gente preguntarse cómo es posible que la locura del nazismo llegara al poder en Alemania. El ascenso de esta ideología, es cosa sabida, se produce en un país asolado por la crisis económica, la humillación del Tratado de Versalles y la pérdida de los valores del humanismo cristiano.
La película Cabaret de Bob Fosse está ambientada en el Berlín de los años previos al nombramiento de Hitler como Canciller del Reich. Es el tiempo de las SA, las secciones de asalto del partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, una asociación revolucionaria que apoyó al dictador en su ascenso al poder -y que luego fue decapitada, para ser sustituida por las SS-
En un momento de la película, el protagonista (un norteamericano) y su amigo alemán están sentados al aire libre, en el campo; el lugar se llama Gasthaus Waldesruh, una especie de casa de huéspedes. Hace un día espléndido. Entonces, un joven de apariencia inocente y angelical comienza a entonar, él solo, una canción que habla de la naturaleza, los animales del bosque y el Rin. Me parece que esta escena explica a la perfección el ascenso de esta ideología.
Al comienzo de la canción, sólo se ve el rostro sonriente del muchacho, que pronto empieza a atraer la atención de otras personas, jóvenes y adultos, hombres y mujeres. La letra de la canción es bella, el sol calienta los prados y bosques de Alemania. Sólo entonces la cámara revela que el joven lleva el uniforme de las Juventudes hitlerianas, como otros tantos en aquel concurrido lugar.  Entonces el joven canta "el mañana me pertenece". Pero ¿por qué preocuparse por un adolescente uniformado? ¿No llevan indumentaria paramilitar los boy scouts?
El Rin y su oro, el tilo verde y frondoso, son elementos típicos del folklore germano y del Poema de los Nibelungos. Vienen a la cabeza Sigfrido y la trilogía wagneriana El Anillo de los Nibelungos, que tanto gustaban al dictador alemán. Como diría Tolkien, nadie distorsionó tanto la mitología nórdica como los nazis. 
La melodía sube de tono, y algunos parecen mover los labios para unirse al joven en la canción, que habla ahora del bebé en su cuna, y de la flor que abraza a la abeja. Es la belleza de las cosas sencillas.  Repentinamente, sin transición, el joven se muestra desafiante cuando grita: ¡arise! (¡levantaos!). Se han unido dos muchachos, y una chica, de rostro adusto, se alza y canta con fuerza. Luego se incorporan más, y más, que también se levantan. Ahora es un coro de personas, entonando una melodía que parece sacar fuera algo que todos llevan dentro. Sólo un anciano, de gafas redondas y gorra negra, parece preocupado por la aprobación general. Ya no es una canción sobre la belleza de las cosas creadas, sino un himno, una marcha militar, que invita a ponerse en movimiento y tomar lo que es suyo: "El mañana me pertenece". Ya es imparable: la patria ha de dar una señal a sus hijos (todos los alemanes) y el mundo será suyo. El modo de lograrlo, la señal, es el nazismo: el joven se pone su gorra y saluda con el brazo derecho en alto.
"¿Sigues pensando que podréis pararlos?" -pregunta el americano-, y su amigo alemán guarda silencio. Es el silencio de tantos alemanes bien pensantes que pensaron que podrían dejar a los nazis acabar con el extremismo de izquierdas, el paro, y hacer de Alemania una potencia europea. Pero la factura que Hitler presentó fue elevada (el poder absoluto) y cuando se intentó relegarle, ya era tarde. Europa y Estados Unidos fueron también culpables de pensar que hacía falta una Alemania fuerte que contrarrestara el peso de la URSS de Stalin. El mismo Churchill dejó dicho: "Si Inglaterra pasara por una situación de crisis como la de Alemania, haría falta también aquí un Sr. Hitler". 
Pero lo que más me sorprende de esta escena de la película es que es poderosamente atractiva, que seduce gradualmente con su mensaje de "ponerse el mundo por montera", el "seréis como dioses" del Génesis, un riesgo que sólo se puede evitar siendo conscientes de él.


7 comentarios:

  1. Me recuerda este texto a la película "Die Welle" ("La Ola" -el argumento, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/La_ola_%28pel%C3%ADcula%29-). Claro, que ver la película se lleva más tiempo que ver el vídeo. En la película precisamente se les escapa todo de las manos por eso que dices al final, que no eran conscientes del riesgo de su fanatismo.
    Saludos,
    Antonio J. García

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  2. Gracias, Antonio. Conozco la película. En efecto, también es una buena explicación de lo que pasó.
    Saludos.

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  3. Muy interesante esta entrada, Eugenio.
    Y muy conseguido lo que logra transmitir la escena.
    Desde Granada

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  4. Gracias, por tu feedback, Fernando, Desde Jaén.

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  5. El jueves hablaron en la radio de un novelista que escribe novelas policiacas sobre el Berlín de los años 30 y en su página hay una pestaña con enlaces interesantes: http://www.gereonrath.de/recherche.html
    ¡Qué contraste entre esta Alemania y la que retrata Lenz en su narraciones sobre Lehmann!

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  6. La página web en alemán la puedes traducir con http://translate.google.com/translate?hl=es&sl=de&tl=es&u=http%3A%2F%2Fwww.gereonrath.de%2Frecherche.html. y los enlaces del mismo modo. Las novelas las ha publicado en España Ediciones B. El libro de Lenz trata del mercado negro en la posguerra y refleja la ruina en que quedó aquella Alemania, un ejemplo no sé si ficticio: se traficaba con alcohol obtenido de los frascos del Museo de Ciencias Naturales. Un amigo me aconseja que lea Berlín. La caída, de A.Beevor. El tema de tu entrada me ha gustado. Esos años de Fritz Lang, Peter Lorre, Billy Wilder, Pabst, Sternberg y poco antes Murnau.

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Beowulf MS

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Hwaet!