martes, 24 de enero de 2012

Niñ@s y niñ@s

Hoy en las noticias han referido un suceso que roza lo esperpéntico. Resulta que una pareja decidieron hace ya algún tiempo educar a su retoño, sin tener en cuenta su sexualidad, o sea, ni como niño, ni como niña, más bien como niñ@. La idea era que, cuando tuviera ya cierta edad, la criatura elegiría su género, esto es, si quería ser chico o chica. Habiendo cumplido los 6 ó 7 años de edad,  Antoñit@ (por poner un nombre), ha decidido que quiere ser un nene, y sus padres tan contentos, porque Antoñito ha hecho uso de su libertad a tan temprana edad. Digo yo que, en esa misma línea de actuación, los padres habrán decidido dejar a su hijo que elija, cuando sea mayor, si quiere ir al cole o no, si quiere leer o ser un analfabeto. Digo yo.
Unos padres canadienses (pues ya me ha picado la curiosidad) han tomado una opción similar: no revelarán a nadie el sexo de su bebé y le educarán en plan neutro. Que luego decida Storm (Tormenta), que así se llama el sujeto (se me están agotando los sustantivos neutros), porque -claro está- no podían los padres elegir ningún nombre que condicionara en un futuro la elección del candidato a nene o nena. Me pregunto si cuando la criatura elija, sus padres y el registro civil le dejarán elegir un nombre acorde a su recién estrenada condición de niño o niña -ya me entendéis, Pedro, Luis, Osiris, o Petra, Luisa, o Nefertiti-, o habrá que llegar a una solución intermedia: Storm John o Storm Lucy. Lo veo complicado.
A decir verdad, todo esto me da escalofríos. Pero esto no ha surgido porque sí; citando al viejo Polonio (de Hamlet), "though this be madness, yet there is method in't" (aunque esto sea una locura, tiene su cosa). Obviamente, la Ideología de Género da carta de modernidad a estas piruetas. Ya sabéis a qué me refiero: tu sexo biológico no tiene que predeterminar (ni necesariamente coincidir con) tu género, dado que la genitalidad que la naturaleza impone (dicen) no tiene que coartar la libertad del ser humano a la hora de elegir un género masculino o femenino. 
Los movimientos de gays, lesbianas, transexuales e indecisos, a mi modo de ver, verán esto con buenos ojos y parece obvio.  El feminismo más radical, en principio, también, como una manera de acabar con la desigualdad hombre-mujer. Pero, me pregunto, si no se  estaría enmascarando el problema, más que solventarlo.
Tengo hijos e hijas. A todos los hemos educado igual, mi esposa y yo: todos juegan al balón, a los muñecos, o a lo que les da la gana; todos hacen sus encargos; todos ayudan con los pequeños. Pero, eso sí, Jaime, desde el principio fue Jaime, Elena, Elena, y así todos los demás.
Por cierto, Antoñito (el niño con el que abría esta entrada), era Antoñito desde que su madre lo trajo al mundo.

1 comentario:

  1. Me parece de gran sentido común lo que quieres concluir en esta entrada. Gracias.
    Fernando

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Beowulf MS

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Hwaet!