viernes, 9 de diciembre de 2011

Las luces y sus sombras

Fue curiosamente en la Europa de la Ilustración, cuando el bebedor de sangre se convierte en el epítome del horror, oculto entre las sombras del siglo de las luces, cuyo racionalismo no hizo sino espolear su resurgir. Ya antes, a partir del siglo XVII, la prensa europea se empezaba a hacer eco de extraños sucesos que estaban ocurriendo en países de la Europa oriental. El Mercure Galant, periódico editado en París, ofrece en mayo de 1693 la siguiente noticia:

Ustedes habrán podido oír hablar ya de una cosa realmente extraordinaria que se encuentra en Polonia y sobre todo en Rusia. 
Imagen original de la noticia en el Mercure Galant
Se trata de cuerpos muertos que se llaman en latín Striges y en la lengua del país Upierz y que tienen un cierto humor que las gentes y ciertas personas sabias aseguran que es sangre. Se dice que el demonio saca esta sangre del cuerpo de una persona viva o de algún ganado y que la lleva a un cuerpo muerto, porque se pretende que el demonio sale del cadáver cierto tiempo, desde mediodía a medianoche, después de lo cual vuelve a él y le pone la sangre que ha recogido. Esta sangre se encuentra con el tiempo en tal abundancia en el cadáver, que sale por la boca por la nariz y sobre todo por las orejas del muerto («Corps morts...», Mercure Galant, París, Bureau de Mercure, pp. 62-9).
Pero lo que definitivamente llevó al vampiro a primera plana en toda Europa fueron los hechos ocurridos en la Prusia oriental (1721) y en el Imperio Austro-Húngaro (1725-1734). Destacan dos. El caso de Arnold Paole (Meduegna, cerca de Belgrado; invierno de 1731-1732) obligó a las autoridades a promover una investigación oficial sobre lo acontecido, dando lugar al documento conocido como Visum et Repertum (Visto y Descubierto); sendas traducciones al castellano y catalán pueden consultarse en: http://www.ceev.net/textos.htm
También estuvo ampliamente documentado el caso de Peter Plojogowitz (Kisolova, cerca de Gradiska; septiembre de 1728).

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Beowulf MS

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