viernes, 1 de julio de 2011

Uno más, ni más, ni menos.

Cuando nació mi primer hijo – este año cumplirá 17 –, yo tenía 27 años. Acababa de empezar en la Universidad de Jaén (como profesor Asociado a tiempo completo) y estaba terminando mi tesis doctoral. Vivíamos en un pueblo de Jaén y mi esposa no trabajaba. Yo solía ir a una de las Parroquias para asistir a la Santa Misa. Entre semana, a las 8’00, además del cura, había tres o cuatro señoras mayores, un discapacitado psíquico muy popular (i.e., el tonto del pueblo), un matrimonio, y yo. En seguida, las señoras – que realizaban distintos encargos en la Parroquia – hicieron por conocerme, invitándome seguidamente a hacer las lecturas o unirme al coro (ellas tres) durante la celebración de la Eucaristía. Recuerdo que leí en un par de ocasiones y quedaron tan entusiasmadas, que me encomendaron el encargo sine die. Yo les expliqué que de ningún modo lo quería para mí, pues, la verdad, no me hacía ninguna gracia. Aquello las dejó un tanto decepcionadas. Tampoco quise participar en el coro, de modo que aquel trío de buenas mujeres no aumentó a cuarteto: me horrorizaba pensar en una especie de Boney M parroquiano, interpretando los Christian Church hits “Mi barca”, “Juntos como hermanos” o “Tan cerca”. Ya no se les ocurrió pedirme que pasara el cestito para la colecta.
En mi modo de ver las cosas, un cristiano laico, un seglar, para poco en la Parroquia, y menos en la sacristía. Asistirá a la Santa Misa, claro está, y pasará por el templo para recibir sacramentos (bautismo, confesión, matrimonio, confirmación, principalmente). Pero su lugar está donde todos los demás hombres, viviendo su fe no sólo en la iglesia, sino principalmente fuera de ella, porque no es planta de invernadero. Por eso, sin verse fuera de lugar, actuará como cristiano en todos los ambientes. Por eso, también, defenderá sus ideas, legítimamente, como lo hace cualquier otro y respetando las reglas del juego. Y por eso, sin hacer alarde de nada, no dejará su fe relegada al ámbito privado, doméstico, íntimo, aunque en ocasiones eso implique ir contra la corriente o las modas. Pero como dicen los americanos, this is a free country o I pay my taxes.

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