viernes, 16 de octubre de 2009

"Ágora"


En la Cuaresma del año 415 (d. C), un grupo de fanáticos exaltados capturan por la fuerza a Hipatia, una eminente profesora de filosfía en la ciudad de Alejandría, y la asesinan brutal e impunemente. Fue éste un hecho vergonzoso en la historia de la Iglesia cristiana de la antigüedad.
En octubre de 2009, se estrena la película Ágora de Alejandro Amenábar, donde se eleva a Hipatia a los altares del feminismo y la oposición al oscurantismo religioso, al tiempo que se envía al espectador un mensaje sutil, pero contundente: todas las religiones generan odio, violencia e intolerancia. Es éste un hecho lamentable, aunque muy acorde con el actual laicismo que se intenta imponer en la sociedad española.
Técnicamente la película está muy lograda. Amenábar es un director que, pese a su edad, conoce el oficio cinematográfico. Los tintes épicos de la cinta la convierten en la película más espectacular del cine nacional rodada hasta la fecha; claro está que es también la más cara. Si a esto añadimos una ambientación cuidada, unos decorados de lujo y un elenco de actores correctos, es más que probable que Ágora sea un éxito de taquilla:más de cinco millones de euros en su primer fin de semana . Pero es necesario recordar al los espectadores que Amenábar, el niño mimado del cine español (como lo fuera Almodóvar en su día) no es un historiador, sino más bien alguien que cuenta historias y, por ende, las narra a su gusto.
No me refiero ahora al hecho de que Hipatia falleciera o no en el esplendor de su juventud y su belleza: si bien conocemos cuándo murió, hay dudas respecto a la fecha de su nacimiento. Indudablemente, el brutal asesinato de una bella joven (y la actriz Rachel Weisz lo es) contribuye poderosamente al horror de su muerte. Sin embargo, Amenábar utiliza otros recursos para el fin que persigue: demonizar cualquier creencia y, muy en particular, el Cristianismo. Para esto, el director instrumentaliza a la filósofa, convirtiéndola en un adalid del libre pensamiento. Ya en la época de la Ilustración, caracterizada por su feroz odio a la religión, Hipatia era presentada una "mártir de la ciencia" y símbolo del fin del pensamiento clásico ante el avance del Cristianismo. En la actualidad, por contra, se destaca que su asesinato fue un caso excepcional y que, de hecho, la escuela neoplatónica alejandrina perduró hasta el siglo VII.
Es necesario, asimismo apuntar, que esta joven fue víctima del conflicto abierto entre la jerarquía eclesiástica –representada por el obispo Cirilo de Alejandría- y el poder político encabezado por el prefecto Orestes. Igualmente, su muerte se debió también a la lucha por la supervivencia entre cristianos, judíos y paganos. Globalmente, Hipatia fue chivo expiatorio en una situación histórica compleja. No pretendo justificar en modo alguno el crimen, pero contar su historia simplificando, cargando las tintas, como en un cuento infantil de buenos y malos es, a todas luces, una manipulación al servicio del pensamiento único que se pretende imponer hoy en día en España.
Diré, por último, que me resulta doloroso (por mi profesión) que el señor Amenábar culpe, además, a los cristianos de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, auténtico depósito del saber en la antigüedad que llegó a a albergar 700.000 volúmenes. El misterio envuelve este oscuro episodio, pero a la luz de los datos que se manejan en la actualidad, el fin de la biblioteca debió acaecer en el siglo III o el IV, y no en las fechas en las que se desarrolla la tram. El emperador Aureliano tomó y saqueó la ciudad en el 273; unos 70 años después Diocleciano vino a rematar la faena. Los fondos que habían sobrevivido fueron expoliados o saqueados en 391, cuando el emperador Teodosio el Grande -con el propósito de disolver asociaciones paganas y destruir sus templos- destruyó el Serapeum. Es cierto que este Emperador era cristiano, tan cierto como que –lo aprendí en mis años de BUP y COU- el saber clásico ha llegado a nuestros días gracias a las traducciones árabes y también a las bibliotecas de los monasterios medievales donde los monjes, pacientemente, copiaron los textos clásicos garantizando su pervivencia hasta nuestros días.
La historia, señor Amenábar, fue otra.

4 comentarios:

  1. Me alegra que expliques todo esto sobre el sucedido histórico y la trama de lo sucedido en la película.
    Has trabajado muy bien el tema.
    Resumiendo la conclusión de muchos libros que he leído, veo claro que la manera occidental de pensar, las instituciones, las ayudas sociales, etc., son puestas en práctica de las ideas de personas cristianas a lo largo de la historia.
    No digamos, efectivamente, la literatura, pensamiento, artes figurativas, etc.
    Digo todo esto porque estoy cansado de las chorradas de muchos laicistas.
    Digo de las chorradas, no me meto con las personas.
    Decía un familiar mío, de derechas, que rezaba todos los días por Zapatero. Reitero que es un familiar mío.
    Sus amigos le decían: sí, para que se muera, ¿no?
    ¡No, para que se convierta y haga mucho bien!
    ¿Es mucho echar en cara a R. Zapatero que se convierta?
    Mira, cualquier persona sobre la tierra, incluso más o menos santa, está llamada a una repetición de conversiones a Dios. Cualquiera de nosotros.
    Y más tú, Eugenio (Esto último es broma).

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  2. siempre es una delicia leerte, y casi siempre -en este caso hasta en las comas- de acuerdo -en el cine es otra "historia", less monster-.

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  3. Gracias, Mateo, y no tardes tanto en volver por aquí. Ya ves que hablo poco de monstruos.

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Beowulf MS

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Hwaet!