martes, 12 de octubre de 2010

El Papa y los nazis (II)

(Viene de http://eugenioolivares.blogspot.com/2010/10/el-papa-y-los-nazis-i.html)
El primer destino del flakhelfer (ayudante de antiaéreo) Ratzinger fue la defensa de una sucursal de la BMW donde se fabricaban motores de avión en Traunstein, a las afueras de Munich.
“¿Qué hacía en la artillería antiaérea, en aquel tiempo?”, pregunta Seewald. Ratzinger aclara que la “batería estaba dividida en dos elementos principales, por una parte el cañón y por otra el departamento de mediciones. Yo estaba destinado en este último. Por entonces ya disponíamos de los primeros aparatos electrónicos y ópticos para detectar la aproximación de aviones y trasmitir los datos necesarios a los artilleros”. Después fue emplazado en la fábrica de aviones de Oberpfaffenhofen, a unos 20 kilómetros del centro de ciudad de Munich. Seewald pregunta a su entrevistado si vivió los bombardeos sobre esta ciudad alemana. “Si” -responde el Cardenal- “Entonces estaba de servicio en un tercer departamento, el de comunicaciones, que dirigía todas las opera ciones de telecomunicación. Nos encontrábamos en Gilching, cerca del lago Ammer, una posición muy destacada porque los americanos que regresaban del Mediterráneo tenían irremisiblemente que sobrevolar Munich. Muy cerca de allí estaba la fábrica de aviones de Oberpfaffenhofen, donde se fabricaron los primeros caza-reactores. Nosotros fuimos los primeros en ver despegar y volar aquellos nuevos reactores alemanes. Hubo muchos bombardeos, algunos eran continuos; vivimos la guerra muy de cerca”.

Munich, bajo las bombas aliadas
En septiembre de 1944 vino un nuevo traslado, esta vez a un puesto junto a la frontera húngara. Según parece, allí se integró en el Reichsarbeitsdienst (RAD), una institución destinada originariamente a reducer el desempleo (trabajos agrícolas, civiles, y también militares). Durante la Guerra, pasó a ser una formación auxiliar del ejército alemán (Wehrmacht). Cientos de unidades de la RAD participaron en tareas de defensa antiaérea; algunas llegaron incluso a combatir en el frente oriental, algo que fue en aumento a medida que las defensas alemanas se veían arrolladas por el ejército soviético. La tarea asignada a la unidad de Ratzinger era la de cavar zanjas anti-tanque. El Cardenal recuerda aquellos días: “En el otoño de 1944 nos enviaron a todos al servicio en cuartel. Estuve estacionado dos meses en la frontera austro-húngara, justamente cuando Hungría capituló ante los rusos. Todo aquello estaba en ruinas, había barricadas antitanques, refugios”.

Trabajadores del RAD cavando zanjas
En su autobiografía (Memorias 1927-1977) todo aquello constituye “un recuerdo opresivo” de la disciplina militar y de la mentira que se levantó para justificar al régimen de Hitler. En mitad de la noche, los jóvenes de su unidad eran despertados e instados a unirse a las Waffen SS: “Un official de las SS nos hacía a cada uno presentarnos ante él, para ponernos a prueba, haciéndonos desfilar ante el grupo y forzar así el alistamiento de ‘voluntarios´”. Algunos se apuntaron a “este grupo criminal. Yo tuve la suerte de poder decir que quería ordenarme sacerdote católico. Nos dejaron marchar, entre burlas e insultos”.

Jóvenes alemanes en las filas de la SS al final de la guerra
El frente se desmoronaba ante el empuje ruso. En diciembre de 1944, Joseph Ratzinger -a punto de cumplir 18 años- fue reclutado por el ejército. El 16 de abril de 1945, y tras seguir un entrenamiento básico junto a hombres de 30 y 40 años, el soldado Ratzinger fue destinado al pueblo de su familia: “Después me trasladaron a Infantería y tuve la suerte de ser destinado a Traunstein. El reparto de destinos estaba a cargo de un oficial muy amable, manifiestamente anti-nazi, que siempre que podía procuraba ayudar a todo el mundo. Y él me envió a casa, a Traunstein, para que mi servicio en la Infantería fuera lo menos enojoso posible”. Afostunadamente, con las tropas americanas acabando con los últimos focos de defensa, Ratzinger no tuvo que hacer ni un solo disparo.
Los últimos soldados del ejército alemán
En abril o mayo of 1945 –no puede recorder con exactitud- el soldado Ratzinger desertó. La posibilidad de ser asesinado por los fanáticos de las SS era muy alta. Había unidades de desesperados que se dedicaban a colgar o fusilar a todo aquel que encontraran sin el uniforme, y así fue hasta el final de la guerra. Dos soldados le sorprendieron, al salir de un paso de tren subterráneo, mientras intentaba llegar a su casa. “Por un momento, estuve en una situación extremadamente grave”, recuerda. Pero aquellos soldados. “gracias a Dios, eran de los que ya estaban hastiados de la guerra [...] Tenían que encontrar una razón para dejarme marchar. Yo llevaba mi brazo en cabestrillo por una herida.[...] Camarada, estás herido. Vete". Aquello le salvó la vida: otros sufrieron otro destino.

Soldado aleman ejecutado: "Quien lucha puede morir. Quien traiciona a su madre patria debe morir. ¡Debíamos morir!"
El Dr. Johannes Tuchel, Director del Centro para la Memoria de la Resistencia alemana (Berlín) explica: “Siempre se puede elegir. Uno debía entral en la Juventudes hilerianas, pero después era decisión de cada uno si se iba a ser o no un miembro activo” […] “Uno tenía que entrar en el Servicio de Trabajo (RAD), pero era decisión propia si ibas a estar muy activo allí… No podías evitar entrar en el ejército, pero sí podías decidir cuánto tiempo te ibas a quedar".
Jovencísimos miembros de las SS, capturados al final de la guerra
(continúa en http://eugenioolivares.blogspot.com/2010/10/el-papa-y-los-nazis-iii.html)



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Beowulf MS

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