miércoles, 6 de octubre de 2010

Roma, 6 de octubre de 2002

Hace ocho años, tal día como hoy me encontraba yo en Roma, con mi esposa y mis dos hijos mayores. Me acompañaban 300.000 personas, que habían ido a la Ciudad Santa por el mismo motivo que yo: asistir a la canonización de un sacerdote español llamado Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei. La Iglesia Católica declaraba oficialmente que aquel hombre, fallecido en Roma en 1975, era santo, y que la espiritualidad vivida por él y miles de personas en todos los continentes era un modo concreto de plasmar la vocación cristiana recibida en el Bautismo.
Recuerdo que había quedado para vernos en Roma con un buen amigo de Chicago, que también asistiría a la ceremonia religiosa. Él y su esposa delegaron en nosotros para hacer las reservas en algún hotel romano, "bueno, bonito y barato" (o "económico", como se suele decir para bien quedar). Mi esposa, muy hábil en la gestión de viajes, itinerarios y reservas, pronto encontró un estupendo hotel a las afueras de Roma; creo que se llamaba Holiday Inn Rome South. Una semana antes del vuelo, le di a mi amigo americano (como el de la canción) el nombre del hotel. Ellos llegarían el día 5 de octubre, sobre las 13'00 horas, al aeropuerto romano de Fiumicino y, una hora más tarde, estarían con nosotros para almorzar en el hotel; cuando a las 17'30 aún no habían aparecido, empecé a preocuparme.
Una hora después, Rich y Anne (que así se llaman), estaban llamando a la puerta de nuestra habitación. Al abrir la puerta, mi amigo del otro lado del Atlántico me espetó, con su acento de USA dollar, un contundente "Eries iun kebrón" (i.e. "Eres un cabrón"); Anne, más prudente, sonreía con infinita paciencia. ¿Por qué estaba tan enojado my friend? Muy sencillo: según Rich, el nombre del hotel que yo le había dado por correo electrónico era Holiday Inn Rome North (y no South, como era el caso). Después de que la señorita en la recepción del primer hotel les asegurara que no tenían reserva, mencionó que había otro Holiday Inn Rome al sur de la ciudad. El taxista romano que les llevó junto a nosotros estaba muy contento cuando les dejó a la entrada de su alojamiento. Siempre que nos vemos, me lo echa en cara, el muy yankee.
En realidad, yo pienso que fue él quien se confundió.
De cualquier modo, al día siguiente, Rich y yo estábamos felices, como puede verse en la foto que nos echó Anne. Él se había subido en una banqueta para parecer más alto que yo...

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Hwaet!