martes, 5 de octubre de 2010

Un prodigio en la Inglaterra del siglo XII (2)

(Viene de http://eugenioolivares.blogspot.com/2010/10/un-prodigio-en-la-inglaterra-del-siglo.html)
De vuelta  a su monasterio, el monje se armó de valor y pidió ayuda a otro fraile, así como a dos jóvenes del lugar. Armados esperaron en el cementerio y como pasaba de la media noche y no aparecía el monstruo ("monstri"), tres de ellos volvieron al interior para calentarse al fuego, dejando solo al fraile que les había convocado. El diablo pensó que aquel era el mejor momento para atacarle e hizo levantarse ("excitavit") al cadáver.


El aterrado fraile vio despertar al reviniente, que dando alaridos se lanzó a la carrera hacia él. Tras recuperar el valor, esperó el ataque de la plaga ("pestis") y le asestó un hachazo. Gritando de dolor, el reviniente huyó a su tumba que, sorprendentemente, se abrió para recibirle, cerrándose después.
Amanecía cuando los cuatro compañeros desenterraron el cadáver. La tumba estaba llena de la sangre que había brotado de la herida abierta ("et cruoris plurimum qui ex vulneri fluxerat, in sepulcro invenerunt"). Pronto decidieron qué había de hacerse con aquel maldito engendro. Tras quemar el cuerpo fuera de los muros del monasterio, esparcieron sus cenizas al viento. El desdichado clérigo nunca atormentó a nadie más.


Junto a las características compartidas con todos o algunos de los casos anteriores narrados por William of Newburgh (andanzas nocturnas, posible interés sexual del reviniente, binomio reviniente-peste y medidas extremas contra el reviniente), destaca la relevancia de la sangre que fluye del cuerpo del cadáver y que ha llenado el sepulcro. ¿Era ésta la sangre de sus víctimas?

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Beowulf MS

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